A Miguel González Avelar, 10 años sin él en la semana que viene, lamentablemente.

Mi padre que era un hombre profundamente educado, culto y militante feminista, alguna vez me dijo que el gran error de la política mexicana era no darse cuenta de que las grandes transformaciones de México fueron posibles gracias a sus mujeres. 

En la independencia tenemos ejemplos como Leona Vicario, Mariana del Toro de Lazarín, la Corregidora y las miles que acompañaron a sus hombres caminando detrás de ellos para darles de comer, y mantenerlos cercanos. Lo mismo se dio en la reforma y sobre todo en la Revolución Mexicana. En efecto, la mujer ha sido soporte histórico de lo que llamamos México, a pesar de su tradición machista y misógina. Una especie de papel o sacrificio entendible por las circunstancias. De ese tamaño es.

Sin Adelitas, por decirlo de algún modo, era imposible que el ejercito comiera, avanzara y tuviera un lugar cálido al cual regresar. Una hazaña de la cuál la historia de México conserva en el pobre anecdotario y en el olvido. En canciones y pequeños destellos de reconocimiento insuficiente al papel que las mujeres juegan en nuestra vida cotidiana, en el orden para el gasto y la responsabilidad de que todo salga bien (por eso los programas sociales estaban depositados en ellas), para los cercanos y el colectivo que llamamos México. En la URSS, solo hay que recordar los 2 millones de mujeres que se unieron al ejército ruso para combatir a los alemanes en Stalingrado y que mantuvieron las filas de la defensa mientras 40 millones de rusos murieron en la batalla contra la dictadura fascista.

El domingo el presidente de México difundió un video en el que explicaba su posición frente al movimiento feminista y la marcha del 8 de marzo. Dijo básicamente dos cosas. Que las vallas puestas en diversos espacios públicos e históricamente relevantes, se debía a que no quería provocar y al mismo tiempo, cuidarlos del vandalismo femenino. Y añadió lo segundo, que no es que las mujeres fueran malas personas (también son pueblo, digo yo, del bueno), sino que estaban influenciadas por los fascistoides conservadores que estaban en contra de su transformación y de su gobierno. Fíjate nada más.

Recordemos algunas frases del Presidente y veamos si las cosas corresponden. 

Se lanzó contra las estancias infantiles y les retiró todo su presupuesto, porque había corrupción. Lo que, de facto, dejó sin posibilidades para que las mujeres pudieran salir a trabajar y, en particular, el 25% de las madres que son solteras en nuestro país, pudiera mantener sus hogares. 

Se lanzó contra el programa de escuelas de tiempo completo, que permitían que las madres solteras pudieran salir a trabajar y clausuró los buenos resultados en dichas escuelas lograban los alumnos.

Clausuró los programas sociales que tenían como responsables a las mujeres y el cumplimiento de ciertas obligaciones para seguirles dando recursos y ahora se entrega a los adolescente, jóvenes y clientelas electorales que él quiere construir. Amén de los costos de construir las sucursales del Banco del Bienestar y la incapacidad de ofrecer cifras, transparencia y todo lo que el Coneval y la ASF ha mencionado de opacidad e ineficiencia de dichos programas.

Él presume en videos y en declaraciones que no es misógino y que apoya a las mujeres. Lo hace, sin embargo, desde la declaración de que las mujeres son el valladar primario de la política de salud, pues ellas cuidan a los enfermos y a los niños (¿Sólo deben hacer eso o tener vida propia?). Lo hace desde la idea de que son pueblo, pero muy tontas, porque se dejan manipular por la derecha. Lo hace desde la defensa oficiosa de su candidato (compadre) al Estado de Guerrero, con 5 denuncias de violación. Lo hace desde la supresión de todo presupuesto para que puedan trabajar o contribuir al bienestar familiar. Lo hace desde la incapacidad para generar políticas frente a los 10 feminicidios que ocurren en nuestro país. Sin la protección del Estado a las mujeres, no hay argumento de apoyo que valga. Francamente es muy difícil creerle al Presidente.

Puede que en lo personal el sea muy respetuoso de su esposa (por cierto no tiene hijas) e incluso que sea un tema que le parece interesante, aunque no haya dado ningún signo claro para atender o resolver la conflictiva que conlleva. El problema es que no se trata de lo que él sea, piense o diga. Se trata de cómo responde el gobierno y las instituciones al cuidado de aquellas que, como decía mi padre, no han contado y no se les ha reconocido su papel y sus luchas a lo largo de 200 años. Nada más, pero nada menos tampoco.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.

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