El embajador de Estados Unidos en México, Christopher Landau, leyó un discurso claro, realista y contundente sobre la ineficacia de las estrategias de seguridad que encabeza el secretario Alfonso Durazo dentro del gobierno de López Obrador. 

Lo hizo durante la reunión binacional de planeación y seguridad fronteriza.

Landau fue inteligente porque recurrió durante su discurso a la figura del plural para revestir el mensaje con traje diplomático. Es decir, admitió que Estados Unidos tiene un camino por recorrer en la ruta crítica compartida con México en materia de narcotráfico, pero al descodificar su mensaje queda claro que tenía como destinatario final a la Presidencia de México.

“Antes las palabras definían más que la imagen”, recuerda el artista conceptual Antoni Muntadas a Babelia el sábado pasado. 

La imagen de Alfonso Durazo al escuchar las palabras de Landau fue la de un funcionario sin cortesía o educación ante su un invitado que tiene a su izquierda. A Durazo poco le importaron las miradas de Landau durante su discurso.

Se comprende, pero no se admite el enfado del funcionario mexicano. Landau, siempre en plural y no en singular, pidió acción y cooperación al gobierno del presidente López Obrador. 

“Encuentro poco productivo que nos señalemos los unos a los otros sobre de quién es la culpa por las drogas que van al norte o por las armas y dinero que vienen hacia el sur”. 

Landau se refería a la petición que el gobierno de México le ha hecho a Estados Unidos sobre frenar el tráfico de armas. Landau comentó a este respecto: “Apenas el martes de la semana pasada realizamos un taller conjunto sobre tráfico de armas, en el que participó tanto personal de la fiscalía como de distintas fiscalías estatales (...) y del Departamento de Justicia”.

Christopher Landau encontró la catarsis de su discurso cuando mencionó: “Como sociedades, no podemos aceptar lo que está pasando. Por eso estamos aquí. No estamos aquí para hablar nada más, estamos aquí para dar resultados”.

El embajador estadounidense encontró la catarsis vinculando sus palabras con lo que publican los medios: “Yo leo los titulares de los diarios aquí en México sobre algunas de las cosas atroces que están pasando aquí y no podemos continuar”.

En efecto, no podemos continuar. “No podemos aceptar este nivel de inseguridad en ambos países y, por eso, estamos aquí”, dijo el embajador. 

A diferencia de otros embajadores estadounidenses, Christopher Landau ha realizado una intensa campaña de empatía con la sociedad mexicana a través de las redes sociales, pero cuando ha tenido que elevar la voz frente a la crisis de seguridad como la que vive México, Landau le ha dicho al secretario de Seguridad la radiografía que tiene Estados Unidos sobre el tema, y lo hace públicamente. En privado ha de ser mucho más categórico.

Durante su exposición, Landau hizo un marco de comparación temporal en el que subyacía cierta desesperación o impotencia: “Es algo deprimente francamente ver varios archivos históricos, que hace 10 años (...) había reuniones de alto nivel entre el gobierno de Estados Unidos y México sobre este mismo tema de armas”.

Bienvenidas las palabras de Landau. Se necesitaban.

El embajador fue contundente y realista; Durazo, sin empatía.

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.