El crecimiento de la economía ya no garantiza de manera directa un mayor bienestar y un mejoramiento en las condiciones de vida de la población y, por lo mismo, una mejora en los indicadores sociales, asegura Ricardo Lagos, quien fuera Presidente de Chile (2000-2006), en un artículo publicado en España (El País, 19 de abril del 2011).

Ya no es posible confundir crecimiento económico con desarrollo sustentado en la distribución con equidad. La relación directa entre crecimiento y mejoramiento de los indicadores sociales es evidente en las primeras etapas del desarrollo, pero no cuando ya se está cerca de los 20,000 dólares de ingreso per cápita.

En las primeras etapas del desarrollo también existe una relación directa entre aumento del ingreso y la percepción de satisfacción. A cada aumento del ingreso por habitante crece el índice de satisfacción o de felicidad, sin embargo a partir de un per cápita de 20,000 dólares esta relación desaparece y se vincula con otros factores.

¿Qué es lo que la gente quiere cuando ya no es la pobreza la batalla principal? , se pregunta Lagos. Responde: La cohesión social, asociada a ella una alta movilidad social, igualdad de oportunidades, acceso a la educación , asuntos que dependen de una más igualitaria distribución del ingreso.

Está demostrado también que el nivel de cohesión social se relaciona con una sociedad más igualitaria, lo que implica necesariamente que se acorten las diferencias entre los niveles de ingreso. A partir de esta constatación, Lagos se pregunta: ¿Qué tipo de distribución de ingresos debemos tener? ¿Queremos realmente convertirnos en una sociedad más igualitaria? .

Los países de América Latina no son los más pobres del mundo, pero sí los más desiguales en la distribución del ingreso. Lagos plantea que reducir esta diferencia es el mayor desafío que ahora tiene Latinoamérica. Todos los países han avanzado, unos más que otros, en la reducción de la pobreza y la pobreza extrema, pero muy poco se ha hecho por reducir las desigualdades.

Lagos observa que el camino de solución a este problema en su país, también para toda América Latina, es un nuevo pacto fiscal que conduzca a una reforma tributaria profunda, la cual permita mejorar la distribución de los ingresos después de impuestos . Ahora, antes y después del pago de impuestos, la distribución sigue en la misma desigualdad.

Los altos niveles de concentración del ingreso en Latinoamérica exigen contar con otra política de distribución, más justa y, en definitiva, más ética , que asuma también las nuevas dimensiones de la democracia, que se plantee una educación donde converjan calidad y continuidad, una reformulación del trabajo y sus espacios; de los derechos y garantías para la salud: en suma, de una vida realmente mejor .