La semana pasada renuncié a mi cargo de Consejero del Consejo Consultivo de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel). El motivo me queda claro el día de hoy y puedo ahora ver el vínculo entre la absurda insistencia de algunos consejeros para que los profesionistas independientes divulgáramos datos sobre los clientes que representamos y los asuntos en que estamos trabajando, según ellos, para evitar un fantasioso conflicto de interés , y la paranoia cada vez más enfermiza del presidente de la Cofetel, Mony de Swaan.

Muchos correos electrónicos se intercambiaron durante varias semanas entre los consejeros de la Cofetel; no para analizar temas medulares de nuestra paupérrima e irresponsable regulación, sino para dirimir quiénes eran los buenos y quiénes los malos. Quiénes representan el interés de la sociedad (whatever that means) y quiénes representan egoístas intereses individuales. Desde el principio manifesté que la discusión me parecía ridícula. El Consejo Consultivo de la Cofetel está conformado por cerca de 30 personas; la gran mayoría, con un sólido prestigio en la industria, tanto en el ámbito académico como en el profesional.

Evidentemente, cualquier Consejero que pueda convencer a un grupo tan amplio y preparado sobre la validez de sus argumentos y puntos de vista es porque éstos son válidos, fundados y, sobre todo, legítimos. Ninguno de los consejeros tiene la posibilidad de decidir nada por sí solo y si alguien pretende callarlo argumentando conflicto de interés , en realidad le teme al peso de su razón. Además, el Consejo Consultivo únicamente puede emitir opiniones no vinculatorias para la Cofetel. Entonces, ¿dónde puede haber aquí un conflicto de interés? ¿Por qué un tema tan trivial nos quitaba tanto tiempo? ¿A quién le interesa censurar la voz de los consejeros?

La semana pasada se empezaron a aclarar las cosas. Los representantes de la sociedad civil , jugando a tres bandas, nos hicieron saber un supuesto acuerdo encantador: sería la Cofetel, es decir, Mony de Swaan, quien decidiría qué Consejero tiene un conflicto de interés y, por tanto, debería retirarse de la sesión del Consejo sin abrir la boca. ¡Precioso! Ahí me cayó el veinte y, evidentemente, renuncié al Consejo Consultivo. Jamás participaré en un Consejo diseñado para legitimar a Mony de Swaan, en quien no confían el resto de los comisionados de la Cofetel, la industria, los diputados, los senadores, ni yo.

Mi decisión se ha visto confirmada tras los burdos intentos de censura por parte de la Cofetel a los periodistas que trabajan en medios regulados , a quienes, sin fundamento alguno y con ese afán tan suyo de martirizarse para ocultar sus corruptelas, Mony de Swaan acusa de tener conflicto de interés .

Parece claro que para Mony de Swaan cualquier interés que no sea el suyo (o el de sus amigos) implica un conflicto.

Si no me cree, amable lector, lea por favor las columnas del lunes pasado de Maricarmen Cortés en El Universal y Marco Antonio Mares en El Economista. Más claro, ni el agua.

Los que tenemos algún prestigio como profesionistas especializados en la industria de las telecomunicaciones lo tenemos porque a eso nos hemos dedicado. Desde hace 22 años he asesorado y representado a empresas de telecomunicaciones, desde telefónicas hasta empresas de televisión por cable o de radio y televisión abiertas. Jamás he representado abstracciones tales como el usuario , el pueblo o los mexicanos porque estoy convencido de que detrás de cada abstracción hay algún interés que se oculta. Simplemente, soy abogado y represento los intereses de mis clientes. No más. No menos.

El autor es Presidente del Instituto del Derecho de las Telecomunicaciones, AC, y catedrático de la Universidad Iberoamericana, AC Las opiniones vertidas en el presente artículo se emiten a título personal y no representan la postura de las instituciones antes indicadas.