La última vez que un Presidente mexicano estuvo en una cena de Estado en la Casa Blanca fue el 5 de septiembre del 2001. Sobra decir que menos de una semana después, la historia de Estados Unidos y del mundo cambió; la buena voluntad y unidad expresada entre Bush y Fox entonces quedó en el olvido. Y parece que por siempre.

Ahora, casi nueve años después, regresa un Presidente mexicano y lo hace con un enorme abismo entre los dos países, uno que cobra dimensiones de abismo sin fondo, si lo vemos desde la frontera con Arizona.

Calderón llegó anoche a Washington, cenó comida mexicana en la Casa Blanca y la pasó muy bien con sus anfitriones. Pero también llegó con la presión enorme de defender a los mexicanos ante las evidencias no sólo del maltrato, sino de criminalizacion de los indocumentados en uno de los estados fronterizos.

La presión migratoria es doble para el Presidente. No sólo la insistencia de que Barack Obama cumpla con la promesa de llevar a cabo una reforma migratoria, sino para presionar desde dentro para boicotear la ley Arizona, bajo la amenaza de que cunda el ejemplo en otros estados.

Y más allá de las palabras en el comedor de la casa presidencial de Washington, el verdadero discurso a escuchar es el que pronuncie ante el Congreso.

La lista de peticiones es migratoria, pero la lista de explicaciones es en materia de seguridad. No puede olvidar el Presidente que como Embajador enviaron a México a un experto en estados fallidos y no puede perder de vista que la percepción, esa que dice que no está muy atinada, en Estados Unidos es la de un país violento.

Si México aparece en las noticias en las cadenas estadounidenses es para anunciar una nueva ejecución masiva, una balacera en el centro de una ciudad o el secuestro de algún personaje prominente. No para decir que la economía mexicana se recupera o para hablar de las cifras de empleo que mejoran cada semana.

Si el Presidente dice que es un tema de mala percepción, podría ser. Pero los muertos ahí están y los excandidatos presidenciales, secuestrados.

La agenda de Obama y del Congreso no tiene a nuestro país en la mira, con excepción de un tema que es motivo de un intenso cabildeo entre los representantes: los camiones de carga.

Las autoridades comerciales y los camioneros de ese país esperan que hoy el presidente Calderón haga referencia al tema del transprote de carga.

El tema comercial estará sin duda presente en las palabras presidenciales. Y el conflicto camionero que tiene la misma edad que el Tratado de Libre Comercio, será un tema a tratar. Sobre todo ahora que México se decidió finalmente a tomar represalias comerciales ante el incumplimiento de la letra del acuerdo.

Y como sea, inplica un impacto para la economía de Estados Unidos de más de 2,400 millones de dólares de bienes que se dejan de exportar a México, por culpa de los teamsters.

De hecho, puede ser en el marco de esta visita o como resultado de ella, que se presente una nueva propuesta para resolver el tema del cruce de camiones mexicanos a territorio estadounidense.

La urgencia no está en remediar un incumplimiento de ese país de más de 16 años, sino en que ahora sí hay sectores afectados en sus negocios.

Total que Calderón será seguido de cerca por los medios mexicanos en esta visita, la más importante del Presidente mexicano en algún tiempo. En Estados Unidos, el impacto será mínimo.

La primera piedra

Poca lana, pero mucha madre. Ésa es la lección del pasado 10 de mayo y el comportamiento del sector restaurantero. Resulta que para festejar a las mamás, los mexicanos se gastaron unos 1,000 millones de pesos.

Los restauranteros esperaban 850 millones de 10 de mayo , con la ventaja de que se ligó todo un fin de semana para las madrecitas, sus ventas fueron superiores.

En un día regular para los restaurantes afiliados a la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados tienen ventas por poco más de 500 millones de pesos. Pero como madre sólo hay una, en su día las ventas se duplican. Al menos, en el feliz 10 de mayo del 2010.