Joaquín Villalobos, consultor en seguridad y resolución de conflictos y quien fuera asesor del gobierno del presidente Felipe Calderón (2006-2012), en el ensayo Bandidos, Estado y ciudadanía (Nexos, enero 2015) ofrece una explicación de la violencia en América Latina y también lo que considera se debe hacer para combatirla.

El punto central de su diagnóstico es que en los regímenes dictatoriales y autoritarios de América Latina hubo, de un lado, un acuerdo con el crimen organizado que mantuvo la paz social y, de otro, que el Ejército y la policía estaban desplegadas en el territorio, para hacer frente a la ciudadanía y el poder coercitivo tenía como blanco principal a los opositores (...) La seguridad de los ciudadanos frente al delito era un objetivo secundario derivado del control social y el despliegue contrainsurgente .

El arribo de la democracia en todo el continente rompió con el orden establecido y la autoridad ya no podía regular el crimen en lugar de combatirlo . La democracia llegó al poder sin una trasformación de las instituciones de seguridad, sin un despliegue de éstas en el territorio y de un aumento sustancial de su pie de fuerza . Así, el quiebre del régimen autoritario y la llegada de la democracia creó un vacío de poder que fue utilizado por el crimen para crecer y fortalecerse.

A lo anterior, dice Villalobos, que fue integrante de la Comandancia General del FMLN en El Salvador durante los años de la guerra (1980-1992), hay que añadir que la liberación económica redujo al Estado y se expandió el comercio de productos ilícitos.

Los cuerpos de seguridad en la democracia, en particular la policía, ya no podían reprimir y violar los derechos humanos, no tenían condiciones para enfrentar a los nuevos criminales y no sabían muy bien cuál era su papel en el nuevo entramado social. Hasta aquí el diagnóstico.

Villalobos, para elaborar su propuesta, recurre al estudio de tres casos relacionados con la guerrilla: El Salvador, Colombia y Nicaragua. Según él, en los dos primeros el gobierno cedió espacio y la guerrilla se pudo consolidar. En el segundo, el gobierno cerró el espacio a la contrarrevolución y ésta no pudo desarrollarse.

Los tres casos implican la guerra y a partir de esas experiencias deriva su estrategia: El gobierno no puede ceder espacio territorial al enemigo , para el caso el crimen organizado.

Los elementos de su propuesta de solución son de carácter militar e implican hacer la guerra al crimen organizado, como lo hizo Calderón, no contemplan los efectos colaterales de la misma, y tampoco hacen referencia a la experiencia de Estados Unidos y países de Europa, donde el Estado no hace la guerra a los narcotraficantes sino que regula el mercado, ni piensa en la legalización de las drogas como una forma de quitar recursos al narco, para hacer frente a un problema social que siempre estará presente, como lo es la prostitución, el alcohol y el tabaco.

Twitter: @RubenAguilar