Bajo los auspicios del Woodrow Wilson Center, organismo estadounidense apartidista dedicado al estudio y propuesta de acciones en temas globales, sale a la luz el más reciente libro de Luis Rubio, Una utopía mexicana*.

Con la cortesía de una escritura ágil y clara -Ortega y Gasset dixit- el autor plantea el objetivo central del libro y complemento de su título: el Estado de Derecho es posible.

Tomando como ejemplo el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLC), Rubio reflexiona sobre la relevancia del acuerdo comercial más allá de los beneficios económicos para los países firmantes.

La firma del TLC por parte de México requirió de la acción de un gobierno capaz de liderar las negociaciones fuera y dentro del complejo aparato político nacional. Pero, sobre todo, de un gobierno que aceptó limitar sus propias capacidades discrecionales, con el fin de adoptar un sistema de reglas uniforme para todos. La verdadera trascendencia del TLC fue su carácter excepcional en la vida pública mexicana , escribe Rubio.

Todo ello con el objetivo principal de ofrecer garantías suficientes a la inversión extranjera de que habría certeza jurídica a largo plazo y que las reglas del juego no dependerían de la voluntad del Ejecutivo en turno.

La revisión histórica resulta por demás pertinente, porque la presente administración del presidente Peña ha conseguido, en la ley, una hazaña no menor a la de hace 20 años. La aprobación de las reformas estructurales dio muestra de un liderazgo y una capacidad políticos que no se pueden escatimar.

Sin embargo, alcanzar el desarrollo largamente anhelado depende ahora de la correcta implementación de las reformas y es ahí donde estamos atorados. El tema pendiente en el México del siglo XXI es el déficit de legalidad, de certeza en la aplicación de la ley.

Hoy no se trata de ofrecer garantías a los inversionistas extranjeros, sino a una sociedad cada vez más participativa y globalizada que demanda reglas parejas a una clase política distante y privilegiada. Y, paradójicamente, sólo un poder político fuerte puede impulsar una agenda de institucionalización que limite sus propias capacidades. La clave es completar el concepto gobierno fuerte pero acotado con el contrapeso de las instituciones.

Como resume el autor, lo que México requiere es, en un sentido metafórico, un TLC para la política. A eso se le llamaría Estado de Derecho .

*Disponible en www.wilsoncenter.org/sites/default/files/Mexican_Utopia_Spanish.pdf

[email protected]