El PAN aumentó la grasa pública con la ?creación de una franja de funcionarios públicos.

Se suponía que una de las acciones más apremiantes del panismo en el gobierno era la reducción del aparato burocrático. Un gobierno esbelto que regulara la actividad económica, no que estorbara y devorara los recursos disponibles.

El fracaso fue evidente, no sólo no tuvieron la capacidad de disminuir el tamaño del aparato de Estado, sino que aumentaron la grasa pública con la creación de una franja de funcionarios intermedios que aumentó el gasto corriente.

Vamos, no pudieron ni desaparecer la Secretaría de la Reforma Agraria, por no hablar de lo conveniente que hubiera sido borrar la eufemística Secretaría de la Función Pública, o bien, quitarle burócratas y ponerle más presupuesto a una entidad que se encargara más eficientemente de la promoción turística.

Quizá el último cambio estructural importante en la forma del gobierno se dio con la desaparición de la Secretaría de Programación y Presupuesto en 1992. Años después, se creó el Servicio de Administración Tributaria (no sin sus problemas de definición entre la autonomía y la dependencia de Hacienda).

De hecho, fue justamente en aquellos años de Salinas de Gortari cuando se dieron los cambios estructurales más profundos a la administración pública. Fue un cambio de concebir al gobierno como regulador de la actividad económica, no como competidor en la misma.

Ahora que regresa el Partido Revolucionario Institucional al poder presidencial, la gran pregunta es: ¿cuál será el estilo de gobernar de esta camada de tricolores? ¿Un estilo echeverrista o lopezportillista? ¿Una administración al estilo neoliberal de Salinas? ¿O un híbrido?

Hasta ahora las señales son un poco contradictorias, porque por un lado se presenta Enrique Peña Nieto como un Presidente que busca echarse para adelante con cambios profundos en los temas más espinosos de la vida nacional, como el energético y el fiscal.

Pero al mismo tiempo, el grupo legislativo que le acompaña muestra su peor cara priísta con el rechazo que dan ahora mismo a la apertura y democracia sindicales en la ley laboral.

Asimismo, se filtra el supuesto plan del gobierno entrante de crear cinco, seis o siete nuevas secretarías de Estado para administrar temas tan específicos como las telecomunicaciones o tan populistas como los temas de la mujer.

Y como es muy sencillo mover las fibras con esta reflexión de las mujeres, más vale explicarme de una vez: crear una secretaría de la mujer es ubicarlas como un género aparte, como si necesitaran de una concesión de los hombres y como premio se les crea una burocracia para ellas.

¡No! Lo que hace falta es que se compren más mastógrafos, que se paguen más abogados de oficio en los juzgados familiares, que se capacite a ministerios públicos y jueces para atender la realidad de violencia que viven. No hace falta una secretaria de la mujer, una oficial mayor de la mujer, tres subsecretarias de la mujer, 25 directoras generales de la mujer, 100 directoras de área de la mujer, 400 servidores públicos de base de la mujer.

Podríamos hacer el mismo ejercicio con el tema de la ciencia y la tecnología. En resumen: más investigación, menos burocracia.

En el caso de la Secretaría de Telecomunicaciones, está bien separar la creación de infraestructura que ha sido el patito feo de la SCT. Pero darle fuerza a una Secretaría que tiene enfrente a la Comisión Federal de las Telecomunicaciones es crear una parálisis mayor. Lo que se tendría que hacer es una sola instancia, una sola ventanilla, de gente capaz, independiente y con valor para lidiar con los tiburones de las telecomunicaciones.

Si se quiere crear una secretaría de la presidencia, adelante. No se merece menos el almighty Luis Videgaray, quien es piedra angular del equipo de Peña Nieto. Pero, entonces hay que ver en qué calidad queda el Secretario de Gobernación. Que si es como los acotados titulares de gobernación del panismo, pues no hay problema.

Desaparecer la Secretaría de la Función Pública. ¡Por favor! Siempre y cuando no se vuelvan los legisladores un lastre para la transparencia y rendición de cuentas.

Volver a separar pesca de la Sagarpa es engordar el cochinito del gasto burocrático. Lo que hay que hacer es evitar la depredación de los mares y buscar ejercicios responsables de acuacultura, eso se hace en el mar, no en un escritorio con vista a Paseo de la Reforma.

En fin, que la oferta parece de aquellos tiempos del ¡arriba y adelante! Habrá que ver cuál es la justificación.

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