De acuerdo con el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva de la Secretaría de Salud, uno de cada cuatro nacimientos que hay en México cada año (480,000 de 2 millones) corresponde a madres de edades comprendidas entre los 14 y los 19 años.

Un embarazo en la adolescencia eleva, según esta Secretaría, cinco veces el riesgo de muerte durante la atención del parto. Hay repercusiones en el recién nacido como bajo peso, inmadurez pulmonar y problemas de control de temperatura que ponen en riesgo la vida del bebé. Además, la falta de uso de algún anticonceptivo en la primera relación sexual aumenta el riesgo de embarazos no planeados y de contagio de enfermedades de transmisión sexual, como VIH y VPH. Cabe mencionar que 60% de los embarazos en adolescentes no fue planeado.

Los embarazos en adolescentes tienen efectos adversos en la salud de los niños y las madres. Es un problema grave de salud pública y se puede prevenir. ¿Y qué estamos haciendo? ¿Estamos destinando el gasto en salud en la atención de estos partos y los problemas de salud que conllevan? ¿O estamos invirtiendo en prevención? Para prevenir hay que educar.

Pero no sólo es un problema de salud pública y educación. Los embarazos en adolescentes constituyen una de las trampas fundamentales de la pobreza.

A nivel micro, este fenómeno hace que las familias queden atrapadas en un círculo vicioso donde los factores de la pobreza se retroalimentan entre sí, evitando que cualquier esfuerzo por superar este estado tenga un impacto positivo (PNUD). Las adolescentes se embarazan y salen del sistema escolar. Una educación trunca les impide obtener un buen salario en el futuro. Un bajo ingreso precario y un bajo nivel educativo implican una inversión insuficiente en la educación y la salud de sus hijos, perpetuando así la situación de pobreza dentro de la nueva familia.

¿Estamos distrayendo nuestros esfuerzos como sociedad en el diseño de programas sociales para aliviar la pobreza, sin enfocarnos en romper el círculo vicioso de fondo? ¿No es a través de la educación que podemos salir de esta trampa? ¿No tendrían un futuro más prometedor las adolescentes que permanecen en la escuela y planean su maternidad? ¿No tendrían un mejor futuro los niños nacidos en hogares con mejores perspectivas de ingreso? ¿No tendría mejor rendimiento un peso invertido en educación que un peso gastado en programas asistenciales? Entonces, ¿qué estamos haciendo?

[email protected]