Del segundo y último informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), dado a conocer el pasado 24 de abril, lo que me parece más relevante es la afirmación, con pruebas sólidas, de que las declaraciones de los testigos principales que dan cuenta de los supuestos hechos ocurridos en el caso de Ayotzinapa se obtuvieron bajo tortura.

La investigación de la PGR es ilegal, violenta el debido proceso y no se sostiene. Toda información que surge de la tortura es inválida y no es creíble. Así, el informe muestra que la investigación de la PGR es una construcción de acuerdo con un guión previo. El torturador pregunta lo que quiere oír y no obtiene lo que realmente pasó.

El texto del GIEI afirma que 17 de los principales acusados como supuestos responsables de los hechos, entre ellos integrantes del grupo criminal Guerreros Unidos y policías de Iguala y Cocula, fueron torturados como lo hacen evidente los estudios de las propias autoridades mexicanas.

La investigación de los trágicos y lamentables sucesos del 26 y 27 de septiembre del 2014 falla en su origen. ¿Cómo construir un caso sólido a partir de la tortura? Si falla el fundamento, falla toda la edificación. Ése es el origen de los problemas de las pesquisas en torno a Ayotzinapa.

La PGR puede seguir produciendo miles de páginas sobre la matanza. Se enfrenta a la realidad de que no es creíble para la sociedad, pero tampoco para la prensa independiente y las instancias internacionales. Desde el origen, la investigación carece de la confianza y la legitimidad que se requieren. La duda siempre permanece.

El gobierno ante cualquier crítica sostiene que el caso no está cerrado y sigue abierto, que se trabaja en todas las líneas de investigación. Es un recurso retórico que no tiene ninguna efectividad. Los funcionarios de la PGR se aferran a ese mantra que repiten una y otra vez. ¿De qué sirve? De nada.

La PGR debe cambiar de estrategia al reconocer es el primer paso que no goza de la confianza ciudadana sobre la investigación de Ayotzinapa; y que en ella existe una duda razonable y sistemática sobre la veracidad de lo que se le informa. Lo que mal inicia la tortura de los testigos mal termina.

¿La PGR está realmente interesada en llegar a la verdad de lo sucedido? ¿Está realmente interesada en ganarse la confianza ciudadana y de instancias críticas de la comunidad internacional? ¿Está realmente preocupada por su prestigio y credibilidad? Si es así, tiene que actuar y comunicarse de otra manera. De no hacerlo, ya sabemos cuáles son las respuestas.

Si la PGR no cambia su estrategia en el caso de Ayotzinapa lo más probable es que va a terminar el sexenio sin resolverlo, y, de hacerlo, que lo veo muy difícil, no será creíble para nadie. La responsabilidad es enorme. Si es así, el gobierno será recordado por la historia no por las reformas, sino por los 43 normalistas asesinados, sin que nunca se supiera lo que pasó. ¿Eso es lo que se quiere?

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