Washington ha mostrado su baja confiabilidad y la alta probabilidad de que un día, ese juego de la ruleta rusa, pudiera provocar un problema financiero.

Si el gobierno de Estados Unidos demandó a Standard and Poor’s se debe, en parte, a que esta firma calificadora no advirtió que vendría una enorme crisis derivada de la mala calidad de una serie de instrumentos financieros altamente calificados.

Hay otro componente de la demanda, perteneciente al terreno del sospechosismo, que apunta a un ajuste de cuentas en contra de la empresa de riesgos por degradar la calificación perfecta de la deuda estadounidense.

Las otras dos principales empresas de análisis, Moody’s y Fitch, se atrevieron a dar un paso de ese tamaño a pesar de la evidente disfunción política estadounidense que afecta el desempeño económico-financiero de ese país.

Washington ha mostrado su baja confiabilidad y la alta probabilidad de que un día, en ese juego de la ruleta rusa, pudieran provocar un enorme problema financiero global.

Parece que no hay muchas dudas de que las firmas calificadoras se equivocaron en sus evaluaciones. Pero también parece que allá aplican aquella máxima adjudicada a Benito Juárez: A los amigos, justicia y gracia; a los enemigos, justicia a secas .

Más allá de los posibles rencores de la Casa Blanca, lo que se reclama es la falta de alerta ante lo que algunos sabrían que vendría. Trascendió, en este caso, que hubo correos internos que advertían que los mercados acabarían mal.

Por eso es que cuando hay una advertencia de que viene de una fuente seria, hay que tomarla en cuenta. Y ahora Agustín Carstens refrenda sus temores.

El gobernador del Banco de México tiene esa vocación de académico, sus explicaciones son pedagógicas y buscan no dejar dudas de sus consideraciones entre los más diversos públicos.

Siempre habrá el riesgo de que falle el pronóstico y entonces sólo quede la analogía para recordar eternamente que no se atinó a la realidad.

Imposible separar la imagen de Carstens de la expresión del catarrito .

Sólo que a diferencia de esa alegoría infecciosa con la que minimizaba el impacto de la crisis estadounidense, hoy el gobernador del banco central hace sonar las campanas de la iglesia para llamar la atención de una calamidad futura.

Seguro que cuando Agustín Carstens dijo en Singapur, y en inglés, que se estaba gestando una tormenta perfecta, tenía en mente la enorme cantidad de dólares que han entrado al mercado mexicano de deuda desde que los bancos centrales de las principales potencias castigaron sus tasas de interés para tratar de influir en la recuperación de sus economías.

Porque un ingreso seguro y atractivo, hoy en día, es invertir en pesos en la deuda pública con rendimientos que pocas economías pueden ofrecer con este nivel de seguridad.

Claro que los que invirtieron recursos en los mercados durante enero obtuvieron retornos espectaculares, pero seguro que ninguno de ellos pudo dormir tranquilamente una sola noche ante la cantidad de amenazas que hay en la economía global.

El peligro que aprecia este financiero de clase mundial es que los capitales en los mercados se comportan como una parvada en un árbol. Al primer disparo, o algo que suene como tal, salen volando en todas direcciones, generando un alboroto.

Europa está como para bajar más sus tasas de interés en el corto plazo con las nuevas mediciones de la inflación comunitaria. Estados Unidos no parece tener motivaciones en el mediano plazo para modificar su tasa de interés de referencia ubicada muy cerca del cero.

Japón empieza a jugar con el fuego de la política monetaria, pero muy al margen todavía de generar nubarrones para esa tormenta.

Pero esa aparente calma en los cielos financieros no significa que no se pueda desatar en un futuro y de manera acelerada algún problema inflacionario que provoque los movimientos de corrección de los bancos centrales.

No es una alarma de que ahí viene el lobo, es un aviso de que las puertas de los corrales financieros están mal cerradas.

Podrán o no escuchar a Carstens en el mundo, pero hacia el interior de nuestro país lo que nos está sugiriendo es que él es de la idea de que hay que bajar el premio de comprar pesos para evitar una caída desde tan arriba.

O sea que Carstens estaría dentro de los que al interior del banco central mexicano piensan que hay que bajar la tasa de interés.

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