Cuando se habla del sector de las telecomunicaciones, algunos interlocutores usualmente se enfocan en la estrategia de las grandes empresas. Principalmente en los nuevos servicios que pronto estarán lanzando al mercado con el objetivo de mantener al país actualizado en todo lo relacionado a disponibilidad de nuevas tecnologías. Todo esto, enmarcado en una carrera nunca anunciada entre los distintos operadores para ver quién es el que puede reclamar el título de ser el primero en lanzar el nuevo producto o servicio en el mercado.

Otros prefieren centrarse en la parte regulatoria. Apuntar cuál podría ser el impacto de las leyes en la llegada de un nuevo servicio. Sobre todo en un mundo convergente que cada vez va desmantelando las diferencias existentes entre la producción de contenidos audiovisuales y los canales para hacer llegar éstos a los consumidores. Tampoco hay que olvidar el rol de los expertos en leyes al momento de descifrar entre lo posible y lo legal al momento de utilizar una tecnología para ofrecer servicios. Hay una gran diferencia entre estas dos realidades.

También están los futurólogos. Aquellos que tienen un incremento en su adrenalina al contemplar la llegada de nuevos servicios en un futuro no siempre cercano. En sus publicaciones especializadas tratan de aterrizar en el mundo cotidiano el rol de un robot, simplificar la importancia de la inteligencia artificial para la educación y entre relatos de desarrollo dignos de la autoría de santo Tomás Moro describen cómo el Internet de las Cosas, ayudado por todas sus identidades, tiene como único fin el mejorar la calidad de vida de las personas.

Lo sorprendente entre tanta algarabía es ver cómo el rol del dispositivo móvil queda relegado a revistas de consumo donde su utilidad se juzga por número de pixeles, peso, duración de batería o material de construcción. Lo anterior asumiendo que todos los modelos presentados son capaces de funcionar en todas las tecnologías móviles disponibles en el mercado indistintamente de las frecuencias utilizadas por estas. En otras palabras, la percepción general hacia los teléfonos celulares es bastante básica y se limita mayormente a que sea bonito y esté dentro del presupuesto.

Sin embargo, en el presente, son estos pequeños aparatos los responsables por la velocidad de llegada de una nueva tecnología en el mercado. En el pasado, fueron responsables del éxito o fracaso de decenas de operadores celulares alrededor del mundo. Y como era de esperarse, en el futuro tendrán una función más similar a la de un control remoto para múltiples aplicaciones a nuestro alrededor. Claro que más de uno no verá novedad en lo que escribo, aparte de haberlo mencionado anteriormente de forma breve en este mismo espacio, ya hemos observado los esfuerzos por diversificar las funciones del celular tradicional por medio de aplicaciones que controlen distintos aparatos o por la modificación de su forma para que esté integrado en otros artefactos de uso cotidiano como un reloj.

La evolución del celular es un fenómeno natural. Hace ya varios años que el servicio original que impulsó su creación fue relegado a un segundo plano. Lo que continúa siendo de alto valor es algo que aunque pasen los siglos no caducará, su más importante funcionalidad, la movilidad. Para entender la importancia del celular, sólo recuerden todas las promesas de modernidad desde la analítica y el Internet de las Cosas hasta la vida totalmente conectada.

Todo ese futuro será controlado por cada individuo desde esa pequeña computadora móvil que tiene en la mano y que utilizan mayormente para chatear, tomar fotos y ver videos. Si logró en el pasado arrodillar a cientos de empresas cuando su servicio principal era la voz, qué se puede esperar de sus andanzas futuras ahora que se ha convertido en una computadora más poderosa que la utilizada para enviar seres humanos a la Luna.

* José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC.

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.