Recuerdo que cuando era adolescente y empecé a manejar mi propio dinero, la banca electrónica no existía. Las tarjetas de débito servían básicamente para hacer retiros en cajero automático, pero no para pagar en establecimientos. Escribir cheques era algo cotidiano. Poco a poco todo fue cambiando.

Hoy es común hacer pagos en línea, mediante transferencia electrónica sin costo alguno (aunque hay bancos que todavía cobran por este servicio), incluso desde el celular. Podemos tener notificaciones de cargos en tiempo real y en caso necesario bloquear una tarjeta mediante una aplicación, mientras podemos hacer nuestro reporte a la institución financiera.

Muchos pagos se pueden domiciliar, pero en este aspecto falta muchísimo. Increíblemente en México, a diferencia de otros países, no podemos domiciliar a nuestra cuenta bancaria el pago de tarjetas de crédito (o préstamos personales) de otros bancos. Por otro lado, para muchas empresas sigue siendo un servicio carísimo, a pesar del desarrollo tecnológico que permitiría hacerlo de manera muy eficiente.

De cualquier forma, en algunos lugares sí es posible ahorrar de manera automática, por ejemplo: Cetesdirecto, ahorro voluntario a las afores y algunas distribuidoras de fondos de inversión. De nuevo, de forma limitada por el alto costo que representa.

Buena parte de la regulación para la “inclusión financiera” en los últimos años se ha basado en buscar que la gente pueda depositar y retirar dinero en donde no hay bancos. De esta manera se creó la figura de corresponsales bancarios, apoyados por el desarrollo tecnológico y varias medidas de seguridad. Así, se pueden hacer ciertos movimientos y pagos en tiendas de conveniencia, pero a cambio de comisiones elevadas que son onerosas para la gente de escasos recursos.

También han empezado a surgir aplicaciones que permiten abrir una cuenta y ofrecen una tarjeta de débito que sirve en todos lados. Suelen tener muy buenas reseñas pero hay que tener cuidado, porque no son bancos y por lo mismo, el dinero que está depositado ahí no está protegido por el IPAB (en algunos casos el dinero se maneja en cajas de ahorro reguladas sujetas al fondo de protección). A mucha gente les gustan porque el servicio suele ser mucho más personalizado que en un banco, con menos complicaciones.

Por otro lado, en México hay varias casas de bolsa en línea que permiten a cualquier persona invertir desde 1,000 pesos en el mercado de valores, incluyendo acciones y ETFs listados en el mercado global. Eso ha ayudado sin duda a democratizar el ingreso a este mercado, antes reservado para gente de alto patrimonio. No hay asesoría, pero sí hay herramientas para que una persona pueda tomar decisiones informadas. Esto permite a cualquiera poder hacer un portafolio global (no limitado al mercado mexicano), muy diversificado, eficiente, con costos bajos.

A nivel compañías de seguro, también hay innovaciones tecnológicas relevantes. Varias aseguradoras tienen aplicaciones que te permiten reportar un accidente automovilístico, el ajustador puede saber exactamente en dónde estás (geolocalización) e incluso puedes ver el tiempo estimado de arribo. También se pueden solicitar otros servicios, como por ejemplo una ambulancia. Eso ayuda mucho, aunque hay que decir que podrían ser mucho más eficientes: por ejemplo podrían poner fotos y seguimiento de la reparación del auto siniestrado, o en el caso de gastos médicos un expediente electrónico con la información que tiene la aseguradora sobre los padecimientos que tenemos.

Seguiremos hablando de esto en la siguiente entrega.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com