Ermenegildo Zegna, Hugo Boss, Mango, Bugatti y Louis Vuitton han entendido que la tecnología no sólo está en las computadoras, si no también en la ropa.

¿Lo duda? Zegna ha agregado desde hace varios años trajes de lana fina para la temporada otoño-invierno con un tipo de hilado repelente al agua y una chamarra de tejido ultra ligero, que permiten conservar el calor sin tener que soportar una prenda agobiante.

Todas esas telas, como es de suponerse, además de costosas han salido de laboratorios de investigación y desarrollo de muchas universidades o academias tecnológicas.

También está Hugo Boss, que cuenta con una línea de ropa elaborada con fibras que no se arrugan, que se lavan y se secan fácilmente, y que además, evitan la formación de pequeñas bolitas en la tela.

No, no es magia. ¡Es tecnología pura!

¿Ha comprado algo de la marca Mango? Quizás haya notado que algunas de sus prendas se ajustan al cuerpo de forma automática, como en las caricaturas, para acentuar la figura. Es gracias a que utiliza telas creadas con fibras indeformables.

¿Y Louis Vuitton? Se ha inclinado por la tecnología de la sensibilidad al tacto: suavidad, sedosidad, e incluso, prendas con fragancias.

¿Cómo le hicieron?

Nada de esto es nuevo. Desde los años 80 empezaron a utilizarse en ámbitos militares, espaciales y deportivos. ¿En qué? Trajes de baño que no se mojan, zapatos que permitieran el paso del aire o trajes y chamarras con chips que leen el desempeño físico y regularan la temperatura de la persona.

Todas estas prendas han tenido una única finalidad: hacer eficiente y productivo a quien las usaba.

Sí. James Bond tenía razón. Lo mismo que el Inspector Gadget y todos los superhéroes de la Liga de la Justicia.

Hoy, gracias a las millonarias inversiones de las grandes marcas en telas con nanofibras, la ropa tecnológica está empezando a ser más que un artículos inteligentes para ser ya ropa de lujo.

¿Quién lo hace?

Una de las empresas que le ha apostado al tema es Matex Specialty Chemicals, de Singapur, que fabrica telas con macrocápsulas de sustancias químicas. Dichas macrocápsulas desprenden fragancias y pigmentos sensibles a los cambios de luz, de modo que la prenda cambia de color al caer la noche.

Ha sido tanto el éxito de las telas que propone, que ha declarado tener pedidos hasta el 2015.

Actualmente trabaja en telas que sean capaces de hidratar la piel y atender algunas alergias, que espera poder vender antes que finalice el año, así como una opción para fabricar camisetas anti-mosquitos, dirigidas a los amantes del camping y las actividades al aire libre.

La mala noticia: aún no es moda al alcance de todos los bolsillos. Una playera aromática costará alrededor de los 40 euros, mientras que la ropa interior con fragancia oscila en los 30 euros. Un traje completo con fragancia no lo encontrará a menos de 1,000 euros.

La buena noticia: cada vez son más las marcas que le entran al juego, lo que hará que con el tiempo sean más accesibles. Es el caso de Levi’s que cuenta con una línea de jeans que tienen bocinas en las bolsas para el iPod, o playeras con USB.

¿Se anima a probar?