Muchas veces me he encontrado con personas que dicen ser enemigas del crédito; sin embargo, tienen una tarjeta en caso de alguna emergencia. A mí tampoco me gusta deber, pero uso tarjetas de crédito como medio de pago (las liquido cada mes, no pago intereses, más sí obtengo beneficios).

Pero no están ahí en caso de que las necesite por una situación inesperada, porque, aunque pueden ayudar a salir del paso, no resuelven el problema y pueden incluso hacerlo más grave. Por eso me preocupa tanto que la gente piense en ellas como una herramienta en caso de emergencia.

En general, esas personas no tienen dinero ahorrado en caso de que algo desafortunado se presente. Suelen vivir al día y por eso piensan: “en caso de que algo pase, puedo echar mano de mis tarjetas”. Algunos incluso tienen otro tipo de deudas, a meses sin intereses o en créditos de mediano y largo plazos (automotriz o hipotecario), que no les dejan ningún margen de maniobra.

Entonces, en caso de presentarse una verdadera situación de emergencia, tendrían que endeudarse todavía más, o bien, adquirir un compromiso que quizá no puedan cubrir, generando una crisis en sus finanzas personales y un estrés más grande. En un momento grave, donde uno busca soluciones y no problemas adicionales.

Las tarjetas de crédito no son para emergencias y no son una herramienta adecuada para ello. Los instrumentos idóneos, que nos ayudan a vivir esos momentos de una manera un poco más tranquila, son dos:

1. Un buen fondo para emergencias, que cubra por lo menos tres meses de nuestro gasto familiar corriente.

2. Seguros, que nos ayudan para los eventos que pueden ser graves o catastróficos. Es importantísimo recordar que los seguros no son para cosas pequeñas —para ellas está nuestro fondo para emergencias. Son para cosas que realmente pueden dañar nuestro patrimonio y que no tenemos otra manera de financiar.

Desde luego, también hay que mantener una situación financiera saludable, porque eso nos da la flexibilidad y la capacidad de adaptarnos con mayor facilidad a situaciones adversas, como, por ejemplo, una pérdida de empleo. Por eso no me gusta el crédito al consumo, porque mientras más grandes son nuestras deudas (incluyendo aquellas a meses sin intereses), menor es nuestra flexibilidad, porque éstas representan compromisos que tenemos que pagar con una parte de nuestros ingresos.

Entonces, te invito a que hagas un buen análisis de tu situación financiera actual. Calcula tu balance personal para saber cómo está tu patrimonio. Es decir, lo que tienes (cuentas bancarias e inversiones) menos lo que debes. También échale un ojo a tu flujo de efectivo, es decir, lo que ganas y lo que gastas. Esto te ayuda a saber cuántos compromisos financieros tienes y de cuánta flexibilidad gozas (qué gastos podrías reducir o eliminar en dado caso).

Con estas herramientas puedes diseñar un plan que te ayude a tener una situación financiera más sana.

Recuerda que el crédito es una herramienta que, bien utilizada, te puede ayudar, pero también implica adquirir un compromiso para el futuro. Por eso hay que usarlo de manera inteligente. Pero no es la solución para una emergencia. Lo único que verdaderamente puede ayudarte en esa situación es estar preparado.

Te invito a visitar mi página: http://www.PlaneaTusFinanzas.com, el lugar para hablar y reflexionar sobre finanzas personales. Twitter: @planea_finanzas

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JoanLanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com