No hay un escenario de suave reestructura para la deuda griega, como lo sugirieron algunos analistas europeos, como si con consideraciones eufemísticas lograran atenuar la realidad de que un país de la zona euro está cercano a no tener dinero para pagar lo que debe.

Los Griegos pueden conseguir el beneplácito de sus deudores y entonces llevar a cabo un proceso ordenado de reestructura, pero como sea será traumático para el mundo.

No es la primera vez que una economía se ve en la necesidad de pararse frente a sus acreedores y decirles que si no reestructuran los términos de lo que se debe, no hay pago.

Pongamos a México en primer lugar de la lista de las naciones que tuvieron que enfrentar la ira de los acreedores.

En ese lance mexicano de llegar a Nueva York y Washington a tener que presionar por una reestructura, se forjó una generación de grandes economistas, como Ángel Gurría, Guillermo Ortiz, Pedro Aspe, Agustín Carstens y otros tantos que fueron hechos unos expertos prácticamente a golpes.

Por eso, aquella generación de financieros logró un esquema de estabilidad exitoso para este país.

Uruguay, Rusia, Pakistán y, un tanto a la mala, Argentina son otras naciones que reestructuraron lo que debían.

Grecia no es diferente a cualquiera de estas naciones emergentes por una pequeña diferencia: carga con la misma moneda de los alemanes y los franceses.

Efectivamente, el euro es un lastre para Grecia, porque si bien políticamente tiene la posibilidad de negociar autónomamente una reestructura, está atada a una moneda totalmente inflexible con los costos financieros y sociales que tiene una reestructura.

México, por ejemplo, se vio forzado a aplicar muy duros planes de austeridad que acabaron por devaluar la moneda, hacer perder poder de compra a la gente y, en una palabra, empobrecieron al país.

Pero Grecia es diferente. Con el euro esto no se puede. Por eso es que no hay posibilidades de una suave reestructura griega.

O se sale del euro un tiempo o se le declara to big to fail y se le rescata a cualquier costo.

Es aquí donde europeos y griegos extrañan terriblemente a Dominique Strauss-Kahn, porque los principales acreedores de Grecia son la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional y una salida que salvara el euro con más plazo y más recursos podría ser viable.

Es posible que a esta simulación de ampliación de plazos le llamen la reestructura suave. De lo contrario, Grecia tendría que salirse del euro, aunque sea de forma temporal, para devaluar el dracma y enfrentar la pobreza que significa reestructurar la deuda externa. Y esto no tiene nada de suave.

Sea cual sea la salida que se le encuentre al país helénico, no es posible perder de vista que detrás de Grecia están Portugal, Irlanda, España, Italia y cualquier otro país con grandes deudas y déficit, que no son pocos.

La primera piedra

La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) saca cuentas y llega a la conclusión de que lo mejor que puede hacer México es eliminar el subsidio a los combustibles para que se pongan a la par de los precios, al menos, de Estados Unidos. O sea que en lugar de 9 cueste 12 pesos el litro del combustible.

En términos inflacionarios, esta medida implicaría hacer imposible la meta del Banco de México. Es más, 5 o 6% de inflación sería alentador, porque también proponen terminar con los subsidios a la electricidad.

Al cabo de unos cuantos trimestres se regresaría a la normalidad inflacionaria, no hay duda. Tenemos un Banco de México que sabría qué tuercas aplicar para lograr ese objetivo.

Se habría logrado así corregir uno de los grandes errores económicos que tienen las finanzas nacionales.

Lo que no considera la OCDE es el factor político-partidista. Un incremento así implicaría el entierro del Partido Acción Nacional, tanto en sus posibilidades de repetir el Poder Ejecutivo como en sus aspiraciones al Congreso.

Un gasolinazo de este tamaño implicaría el cobro más grande en términos políticos del que se pueda tener registro. Así que puede el mexicano y priísta José Ángel Gurría descartar esa posibilidad por completo.