Si usted ya pinta canas y tiene buena memoria, no deje de platicarles a los más jóvenes cómo era la vida en este país cuando teníamos inflaciones de más de 150% en un año.

Cuénteles, por ejemplo, que la inflación tan sólo en diciembre de 1987 fue de 4.7% y les recuerda el dato que dio a conocer el Inegi de una inflación durante el décimo primer mes de este año de 0.55 por ciento.

La inflación más alta de este siglo en México fue en el 2000, de 8.6%, y desde entonces a la fecha la tendencia ha sido a la baja.

Ha habido excepciones en ese camino de disminución que hay que tomar en cuenta, como el aumento de precios del 2008 de 6.53%, pero también ha habido excepciones de precios muy bajos, fuera de una realidad, como este 2015.

No se puede regatear el papel que ha tenido el Banco de México en el control de la inflación. Porque afortunadamente durante su tiempo de autonomía los integrantes de la Junta de Gobierno del banco se han casado con la idea de que la inflación es un lastre terrible para la población.

Hay que agradecer la actitud aferrada e intransigente de Guillermo Ortiz, que se empecinó en mantener las tasas de interés altas hasta que la inflación no se dirigiera claramente a la meta fijada.

Hay que aplaudir la visión erudita de Agustín Carstens, que ha sabido aprovechar la coyuntura favorable de una inflación baja en el mundo para afianzar la idea generalizada entre los agentes económicos de que sí podemos ser un país con inflaciones bajas, como en el primer mundo.

Otros países similares, con las mismas condiciones mundiales, como Brasil, Argentina o Rusia, hoy tienen problemas con inflaciones altas.

La inflación anualizada que hoy tenemos en México de 2.21% es una enorme ventaja que hoy tenemos como país, pero hay que aprender a aquilatarla, porque hay a la vista desmemoriados que han elegido como bandera electoral los aumentos salariales por decreto que pueden sacar de cauce la baja inflación.

Ya le decía que la inflación de este año es atípica y es muy difícil pensar que se puede mantener una inflación de 2% en adelante como una nueva meta de crecimiento de los precios. Hay factores coyunturales, como la baja en los precios de los energéticos y los alimentos, que ayudan.

Y también hay elementos estructurales, como la reforma en telecomunicaciones o la energética, que tienen incidencia, pero son disminuciones de una sola vez.

Lo más sorprendente de la inflación del 2015 es que realmente la economía mexicana se ha portado con una gran madurez y ha sabido absorber la depreciación del peso frente al dólar de una manera ejemplar.

Es verdad que el consumo se mantiene con tasas bajas de expansión, pero ha perdido valor la premisa de que está tan deprimido el mercado interno que es imposible que los productores o distribuidores de productos y servicios estén imposibilitados de aumentar sus precios.

Simplemente, el acuerdo explícito de que somos un país que puede tener baja inflación ayuda a mantener la inflación baja.

Hace un año, los expertos en economía que consulta el propio Banco de México estimaban una inflación para este año de 3.54 por ciento. Ni el más optimista y alocado de los analistas consultados (y vaya que los hay) imaginó una inflación tan baja a estas alturas, como 2.21 por ciento.

La inflación este año es sorprendente, pero en adelante la inflación baja tiene que ser uno de los grandes valores de la economía mexicana, que hay que defender.