Hace más de 20 años inicié esta columna como mi granito de arena para contribuir con la educación financiera en México. Desde ese entonces he escrito de muchos temas y he insistido que el cambio viene de adentro hacia fuera. Uno tiene que querer lograr una vida mejor y para eso es fundamental tener muy claro qué nos motiva, cuáles son nuestros valores y qué es lo más importante para nosotros. Saber de dónde partimos y a dónde queremos llegar. 

También tenemos que conocernos a nosotros mismos y saber qué puede funcionar para nosotros. Por ejemplo: hay gente que es muy organizada y detallista, pero también hay personas que son un verdadero desastre (pero saben navegarlo). Ambos tienen que manejar su vida — y sus finanzas personales — de forma muy distinta. 

Por eso muchas veces los “tips financieros” que son facilísimos de encontrar y escribir en todos lados, terminan siendo artículos vacíos con consejos repetitivos que, aunque parecen prácticos, no son útiles a la mayoría de las personas. Es fácil decir: “haz un presupuesto”, “registra tus gastos” o “prioriza tus deudas” pero también hay entender por qué hacer eso puede ser útil en nuestro caso particular. Ahí es donde fallan. 

Todos hemos escuchado que es importante ahorrar. Aún así, hay personas a las que parece que el dinero les quema las manos. Sienten una imperiosa necesidad de gastarlo tan pronto como lo reciben, como si quisieran deshacerse de él. Nunca les alcanza para nada, aún si su ingreso es bastante arriba del promedio. Y si uno les pregunta por qué no ahorran, siempre tienen un buen pretexto. 

Hay varias razones por las que esto sucede. Una de las más importantes es que simplemente no tienen un objetivo claro. No sienten ese intenso deseo por juntar para lograr algo que es verdaderamente importante para ellos. No se trata de ahorrar por ahorrar o porque los demás dicen que es bueno. Esa no es motivación suficiente. 

Pero además, una vez que encuentran algo dentro de sí, por lo que vale la pena ahorrar, hay también que buscar la manera de hacerlo funcionar. Las personas poco ordenadas y a las que parece que el dinero les quema las manos, no les sirve ahorrar de la manera tradicional: recibir su ingreso y poner entonces poner una parte en una cuenta separada. Lo harán una quincena, o dos, pero después se les va a olvidar. 

Ellos tienen que buscar hacerlo de manera automática, es decir que parte de su dinero, el importe que quieren ahorrar, se separe solito y se vaya a una cuenta de inversión. Eso se puede hacer fácilmente cuando uno recibe un sueldo fijo, regular, a través del ahorro domiciliado. Sin embargo, no es tan sencillo cuando buena parte del ingreso se recibe vía honorarios o comisiones. 

Lo mismo sucede con inversiones. La gente parece buscar en la “mejor manera de invertir”, como si buscaran un instrumento o un lugar que les pudiese hacerles ganar dinero el resto de su vida de manera segura y confiable. Pero así no funciona la vida. Es como querer comprar un coche que lo tenga todo: la mejor tecnología, confiabilidad, rendimiento, desempeño, belleza, comodidad no importa si vivimos solos o tenemos familia, que quepa en todos lados, que no consuma y que además esté en nuestro presupuesto. Lo que debemos buscar es el auto que se adapte a nuestras necesidades y presupuesto y eso implica comparar y muy seguramente, sacrificar unas cosas que quizá no son tan importantes. 

Así, cuando pensamos en invertir, tenemos que pensar en una estrategia que funciona para nosotros. Que sea adapte a nuestros objetivos y horizonte de inversión, que nos permita mantener el riesgo en un nivel con el que nos sintamos cómodos.

En finanzas personales y en la vida no existe la solución que funciona para todas las personas. La educación financiera no nos debe dar “consejos” o “tips”, sino herramientas que nos permitan tomar las decisiones que sean adecuadas para nosotros: nuestra personalidad, forma de ver la vida, necesidades y deseos.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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