Uno de los grandes promotores del paraíso fiscal de facto, como acertadamente ha calificado a México la Cepal, es la dificultad de pagar los impuestos.

Hay una enorme cantidad de trabas diseñadas por la autoridad, quizá no con el afán de molestar a los contribuyentes, pero sí como un intento de aumentar los candados y los controles para evadir la práctica del socorrido deporte nacional de hacer trampa.

En muchos países, el pago de impuestos es el equivalente a comprar un diario en las calles de esas naciones: hay una alcancía y un bonche de periódicos. El ciudadano toma un solo periódico y deja las monedas correspondientes por su pago. O sea, determina cuánto tiene que pagar y lo paga, sin más.

Aquí en México, el pago de impuestos está diseñado para evitar que ocurra lo sucedido con el programa de libros en el Metro de la ciudad de México: el usuario en teoría debería tomar un libro en una estación y dejarlo a su salida. En muy pocas semanas se había perdido hasta el más malo de los libros en préstamo.

Así, los controles fiscales son para que no haya dolo en el pago de las contribuciones.

Pero si la cultura de la tranza está tan arraigada, hasta los más férreos controles han sido violados por algunos contribuyentes para darle la vuelta a las obligaciones. Sólo que con mayores costos de tiempo y recursos para los ciudadanos.

Claro que una verdadera simplificación fiscal debería pasar por una reforma legislativa profunda, en donde se quedaran dos impuestos básicos: uno directo y otro indirecto que pagaran todos los ciudadanos. Un IVA y un ISR sin exenciones ni tasas diferenciadas. Impuestos a tasas más competitivas que se pudieran pagar, sí con candados, pero sin tantas burocracias de por medio.

Pero en lo que se puede cumplir con ese sueño guajiro de tener un sistema tributario simple y justo, hay que aplaudir las medidas que por ahora toma el gobierno federal para hacerle menos difícil la vida a los contribuyentes cautivos.

El gobierno del presidente Calderón decidió meterse en un plan de simplificación efectiva de trámites burocráticos. Incluyendo los grandes ausentes en reformas anteriores: los de Hacienda y los de Gobernación.

Todos los planes anteriores de simplificación administrativa habían respetado el principio de no tocar los trámites fiscales ni con el pétalo de una eliminación de procedimientos innecesarios.

Y ahora, bajo la conducción del secretario Ernesto Cordero, el presidente Calderón anunció recortes importantes en la tributación, lo que implica ganar tiempo y ahorrar recursos para los contribuyentes.

Desde el punto de vista de la autoridad, el IETU está calificado a nivel de gran éxito por corregir algunas de las fallas del ISR. Pero desde la perspectiva del pagador de impuestos, el Impuesto Empresarial a Tasa Única es sinónimo de dolor de cabeza contable.

Y mientras se juega un partido eliminatorio con el ISR en el Congreso, Hacienda por ahora simplifica el pago de este IETU, a través de eliminar las declaraciones mensuales que tanto se enredan con su némesis fiscal.

Uno de los trámites que fácilmente hubiera ganado el premio del trámite más inútil, si no fuera por las burocracias del Instituto Mexicano del Seguro Social, sería la presentación de la declaración anual informativa del IVA, que hoy quedó derogada.

Buenas noticias para las empresas es el fin de la obligación de dictaminar los estados financieros.

La devolución de los saldos a favor del Impuesto a los Depósitos en Efectivo sin el paso previo del visto bueno de un contador público certificado y la ampliación de la Fiel, sí la fea firma electrónica, son el complemento de una medida de gran sensatez del gobierno de Felipe Calderón.

Estas medidas no resuelven los problemas fiscales mexicanos, pero al menos son un primer acercamiento de la autoridad al padecer de los contribuyentes. Es una muestra de que el gobierno puede ser sensible ante el martirio de pagar impuestos caros, disparejos y difíciles en México.

La primera piedra

Quizá sea mejor por ahora dejar a los priístas que jueguen su conocido papel del viudismo político y que le expriman lo más que puedan a una desgracia como el asesinato artero de un hombre inocente, como Rodolfo Torre Cantú.

Ya se verá si la próxima semana, con los resultados electorales que quieren en la bolsa, son capaces de atender un llamado urgente y sensato a lograr la unidad para sacar adelante acuerdos.