Los expertos saben que el ciclo de las lluvias es un fenómeno natural y que, en términos aproximados, México es golpeado por una gran sequía cada 13 años. Es ese ciclo de estiaje lo que ha afectado de forma grave a la agricultura, principalmente en los cultivos de frijol, trigo y maíz blanco y forrajero.

No sólo la sequía ha golpeado a la agricultura. Las heladas, durante el pasado septiembre, siniestraron casi la totalidad de las cosechas de maíz en el Estado de México, Hidalgo, Puebla y Tlaxcala.

Resultó inevitable que este problema de la sequía no se politizara. Muchas organizaciones del campo ya se encuentran en movimiento y llegaron en una marcha multitudinaria a la capital de la República.

De manera independiente a quien se imponga en el enfrentamiento que se ha desa­tado entre el gobierno federal y los mandatarios de los estados -además de las organizaciones campesinas-, en la problemática de la sequía hay que distinguir entre los fenómenos coyunturales y estructurales.

Es de creerse la promesa hecha por el presidente Calderón en relación a que en medio de la sequía nadie morirá por falta de comida ni de agua . Con tal fin, ya se habilitó un programa de emergencia con fondos por 33,000 millones de pesos. En algunas zonas afectadas se anunció también la perforación de pozos, aun donde los niveles freáticos han descendido mucho. Pero la sequía no durará indefinidamente. Después de completarse el ciclo del estiaje volverán otras etapas con precipitación pluvial y abundancia de líquido.

Lo que no se modificará por efecto de ningún ciclo es el grave problema estructural de que los gobiernos estatales son una caja negra impenetrable adonde llegan los recursos federales sin ninguna contrapartida en materia de claridad, transparencia y rendición de cuentas.

Bien pertrechados en la Conago y sintiendo el respaldo de las organizaciones rurales que se encuentran en movilización, los gobernadores ya desencadenaron su acción política en demanda de 10,000 millones de pesos adicionales para compensar los daños. Lo exigen, principalmente, los de las entidades más afectadas: Sinaloa, Zacatecas, Guanajuato, Jalisco y Durango.

Una nota en El Economista del pasado lunes confirma la exigencia de esos mandatarios estatales con el fin de conseguir apoyos adicionales para combatir la sequía. Empero, no hay en ese reportaje evidencia de que esos mismos gobernadores ofrezcan nada en contrapartida en la forma de mejores mecanismos de transparencia y rendición de cuentas.

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