Una recesión o recuperación económica no tienen propiamente un banderazo de salida, pero sí hay momentos en que el cúmulo de señales indican que efectivamente lo que se sospechaba es real.

Cuando estalló la gran recesión mundial parecería que la fecha fatídica sería el 15 de septiembre del 2008, cuando se anunció la quiebra de Lehman Brothers. Lo cierto es que para ese momento la economía estadounidense llevaba varios trimestres a la baja.

Y tras la recuperación incipiente, que también se fue confirmando poco a poco, siguió el pronóstico de que ahora con los enormes problemas fiscales de las economías desarrolladas y los altísimos costos de los commodities, lo que seguía era una recaída. Lo que faltaba era definir cuándo.

En esta semana confirmamos que eso ya está ocurriendo. Ahora mismo la economía estadounidense está en un proceso de frenado que se confirma con la cascada de datos que llegaron esta semana a los mercados.

El sector servicios metió el freno y presentó en abril un dato tan malo que no se veía desde agosto del año pasado.

No hay un registro negativo, porque no se espera tanto como una nueva recesión, pero sin una desaceleración drástica.

Buena parte de la economía de ese país se recarga en el sector servicios, por lo que una baja implica malas noticias generalizadas en ese país.

El otro dato muy desesperanzador llega con los números del empleo. El mercado esperaba que el sector privado creará al menos 200,000 empleos. Fueron solamente 179,000.

Pueden parecer pocos de diferencia. Pero más allá de preguntarle a los 21,000 que no consiguieron chamba cómo se sienten, es la primera vez en siete meses que hay una desaceleración en la incipiente recuperación laboral.

Más grave aún fue el dato de aumento en la solicitud de subsidio de desempleo. Hasta el viernes pasado habían aumentado en más de 22,000 para llegar a las 474,000 ayudas. El peor dato en 12 meses.

Estos datos malos y sumados al elevado déficit fiscal lanzan dardos envenenados a los mercados que ahora sí confirman sus dudas razonables sobre la recuperación de la economía más grande del planeta.

La confirmación esta semana de que hay un proceso quizá hasta acelerado de baja en la actividad económica hace que aumenten las dudas sobre la disposición de las autoridades financieras de iniciar ya el proceso de corrección de sus problemas presupuestales.

Cuando Ben Bernanke declaró que las tasas se mantendrían bajas por un tiempo razonable, no habíamos conocido estos datos, por lo que ahora el tiempo razonable puede tener una prórroga.

México, como pasajero de los vagones de segunda, o sea de las llamadas economías emergentes, tiene que pagar con creces el enfrenón que dio el maquinista.

Lo que domina por ahora es la volatilidad en tanto no haya claridad de los impactos que tiene económicamente la notable baja económica de este segundo trimestre.

Los precios de las materias primas resienten también la volatilidad y la incertidumbre sobre el futuro económico de Estados Unidos. El precio del petróleo, que está en el centro de muchos de los problemas actuales, también ha bajado.

Pero si le podemos poner una fecha a esta nueva etapa incierta, no es difícil marcar esta primera semana de mayo como la que cambió las señales económicas de América del Norte.

La primera piedra

¿Es buen negocio comprar oro para almacenarlo?

El Banco de México decidió incrementar sustancialmente sus reservas de oro ante la incertidumbre que significan los mercados cambiarios actuales.

Justo cuando los precios están en sus niveles máximos históricos, deciden llenar sus bóvedas con el metal precioso.

Puede no sonar como algo con sentido común comprar caro para guardar y construir un blindaje dorado en caso de turbulencias mayores.

Pero es en todo caso más ilógico el juntar una moneda cada vez más cuestionada y debilitada, como es el dólar de los Estados Unidos. Tener esos dólares en reserva cuesta y, para redondear el cuadro con su debilidad, sus rendimientos son negativos.

Pero ni modo, en un mundo en el que hay que cuidarse de los tiburones financieros especuladores no hay como tener armas de defensa, sean dólares, euros o lingotes de oro.

Y si con el oro se logra una diversificación del blindaje, no importa que acusen al banco central mexicano de desconfiar del dólar. Como sea: hoy hasta Washington desconfía de su moneda.