Soy de los que diariamente escucha las conferencias mañaneras de López Obrador y cada día lo veo más nervioso y desesperado. Aun cuando tratan de preparar mejor a varios periodistas sobre lo que deben preguntar para que el presidente pueda hablar de los logros de su gobierno y descalificar a la oposición, sus mañaneras cada día son más repetitivas y tienen menos credibilidad.

La veda electoral le impide al presidente participar en los procesos electorales por lo que ha buscado que las mañaneras sean un espacio para desprestigiar a toda la oposición y así apoyar a Morena y a sus candidatos.

Por eso últimamente ha radicalizado su discurso y ataca a todos lo que se ha manifestado en contra de su gobierno, porque está buscando que el electorado se divida alrededor de él, entre los que lo apoyan y los que lo rechazan.

La estrategia no parece funcionarle, Morena se está desmoronando electoralmente y no entienden que no es una elección nacional, sino 300 elecciones federales diferentes, 15 elecciones estatales para elegir gobernador y más de 2,000 elecciones para elegir presidentes municipales, en donde la agenda presidencial, las mañaneras y los ataques, ni penetran, ni importan.

López Obrador no lo tenía planeado así, propuso que se celebrara la consulta sobre la revocación de mandado el día de las elecciones para poder estar en las boletas, pero el Congreso le cambió la fecha para el 21 de marzo del próximo año. Trató también de que la consulta sobre el juicio a los expresidentes fuese el mismo día de las elecciones y nuevamente el Congreso la mando para el 1º de agosto de este año.

Está desesperado porque ve que Morena se está desmoronando y no sabe qué hacer para revertir esa tendencia. Hace apenas un mes se hablaba de que Morena tendría la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y ganaría 14 de las 15 gubernaturas en juego, en estos momentos lo más probable es que Morena pierda inclusive la mayoría simple y gane sólo 3 de las 15 gubernaturas.

López Obrador y sus asesores en comunicación siguen creyendo que la estrategia para ganar sigue siendo dividir a la gente y al electorado y por eso diariamente denuncia a todos los que lo critican o cuestionan, pensando que eso hará reflexionar y detendrá la caída de Morena. Se equivocan, López Obrador no es candidato y los ataques presidenciales han perdido efecto. La gente ya se cansó de tantas descalificaciones y enfrentamientos y de tanta rudeza de parte del presidente, al que ven capaz de usar grabaciones, facturas, actas constitutivas, comunicaciones oficiales de otro país e inclusive intervenir conferencias y llamadas, para desprestigiar a los opositores.

Esa estrategia de culpar al pasado le ha servido para mantener su popularidad estos 3 años a pesar de los pésimos resultados, pero no le esta sirviendo para evitar que Morena pierda las elecciones. La rudeza innecesaria del presidente le esta costando a Morena y a sus candidatos y es una razón mas para votar a favor de otra alternativa.

La gente está preocupada por la violencia que hay en el país y le asusta la violencia política que se está dando en las elecciones por la violencia verbal del presidente. La gente no es tonta y entiende cada día más que la única forma de frenar la polarización nacional y los excesos de López Obrador es obligando a todos los actores políticos, económicos y sociales, empezando por el presidente, a sentarse a negociar y llegar a un acuerdo.

López Obrador es un líder que no sabe ser gobierno y hacer política, sabe ganar elecciones, pero no sabe, no le gusta y no tiene la capacidad para sentarse a negociar a menos que no le quede otra, como será a partir de este 6 de junio cuando pierda las elecciones.

Demetrio Sodi

Político mexicano

Desde la cancha

Ciudadano interesado en las soluciones para el país y la Ciudad de México. Político mexicano, ha sido diputado federal (1988-1991), senador (2000-2006) y jefe delegacional de Miguel Hidalgo (2009-2012).

Lee más de este autor