Le toca a la Sener, en apenas un par de meses, decidir qué hacer con las asignaciones ociosas de exploración de Pemex de la Ronda Cero; las áreas deberían regresar al Estado mexicano si la estatal no cumple las inversiones comprometidas.

Hace casi cinco años, la Secretaría de Energía (Sener) asignó a Petróleos Mexicanos los derechos para explorar y producir en áreas que tenían más de 20,000 millones de barriles de petróleo crudo equivalente de reservas 2P y producían 2.5 millones de barriles de aceite al día. Al proceso se le llamó Ronda Cero.

Hoy, las áreas asignadas a Pemex tienen reservas 2P de menos de 14,000 millones de barriles de petróleo crudo equivalente. Su producción de aceite, a noviembre de 2018, era de 1.6 millones de barriles diarios. En menos de cinco años, las reservas bajo el cuidado de Pemex han caído en 30% y su ritmo de producción en 36 por ciento.

Estas no eran las expectativas cuando Pemex pidió que se le asignaran estas áreas. La Secretaría de Energía, apoyada de la información técnica de la CNH, estimaba que, si se cumplía con los programas mínimos de trabajo estipulados en los títulos de asignación, Pemex podría mantener el ritmo de producción de 2.5 millones de barriles de crudo hacia adelante.

Medido a partir de este objetivo, Pemex ha quedado a deber muchos barriles de producción de aceite —cada año más—. En el 2015, la brecha entre expectativa y realidad era de poco menos de 250,000 barriles al día.

Hoy es de más de 800,000.

El origen de estas fallas está en el incumplimiento de los programas mínimos de trabajo. De acuerdo con datos de la Sener actualizados a septiembre del 2018, Pemex sólo tiene actividad (definida por la Sener como cumplimiento de la mitad o más del programa de inversiones) en 142 de sus 417 asignaciones. Hasta finales del año pasado, dos terceras partes de sus asignaciones estaban prácticamente abandonadas en términos de inversión.

Las estadísticas agregadas de inversión son igual de preocupantes. En la base de datos de asignaciones de la Secretaría de Energía, se observa que, en el 2016, los compromisos mínimos de trabajo ascendían a 251,000 millones de pesos de inversión. Se terminaron invirtiendo sólo 166,000 millones. La tendencia se acentuó hacia adelante. El compromiso de inversión para el 2018 era de más de 200,000 millones de pesos de inversión. El “real” fue 67.5% menor: apenas 75,000 millones de pesos. Hay una serie de factores involucrados, desde caída de precios hasta tiempos de obtención de permisos. Pero, al final del día, Pemex no ha podido cumplir.

Es justo en este contexto que le toca a la Sener, en apenas un par de meses, decidir qué hacer con las asignaciones ociosas, específicamente de exploración, de Pemex. Desde una perspectiva jurídica, el incumplimiento implica que las áreas deberían regresar al Estado mexicano para que éste determine la mejor manera de aprovecharlas —atraer inversión, generar actividad, incorporar reservas y buscar aumentar la producción—.

La salida fácil sería culpar solamente las estadísticas agregadas y argumentar que, si se le garantizan a Pemex los recursos suficientes, se le puede dar la vuelta a los malos resultados de la Ronda Cero por completo. Pero hay que ir mucho más profundo. Tal y como el propio Pemex ha comunicado, le conviene mucho más una estrategia enfocada (según lo anunciado, Pemex considera que lo óptimo está en torno a oportunidades en tierra y aguas someras). ¿No sería mucho mejor buscar que todos los recursos adicionales vayan a estas oportunidades que Pemex estima de clase mundial? Si la estructura actual del portafolio de Pemex está dejando muchas áreas improductivas y ociosas, por diseño, ¿no sería momento de reconocerlo y arreglarlo?

Es algo que la administración pasada, cuando tuvo su momento de decisión, no pudo resolver.

PabloZárate

Consultor

Más allá de Cantarell