El capital social de una nación es un activo muy importante para enfrentar los retos de un entorno cambiante como el que tenemos hoy en día. No se ha terminado de resolver el problema de la deuda europea, el desempleo está por las nubes, la región camina al borde de una recesión y, para colmo, el cambio climático ha pasado facturas que la humanidad en pleno deberá pagar mediante precios más elevados en los alimentos.

Ya diversos organismos internacionales han alertado acerca de la duración de la crisis llegando al extremo de declarar una nueva década perdida y se revisa constantemente a la baja la perspectiva de crecimiento de los BRICS y, en general, de todo el mundo en desarrollo, incluyendo América Latina.

En aquellos lugares en donde se observa una menor grado de polarización social, en general, existe una mayor capacidad para enfrenar estos problemas y la respuesta social es uniforme, espontánea y sostenida.

No sucede así en sitios en donde por mucho tiempo las diferencias sociales, ya sea por ingreso, cuestiones políticas o raciales, han generado una polarización, como al parecer es el caso de México. Luego de muchos años de intentar cerrar la brecha entre ricos y pobres, ésta incluso se ha ampliado, existiendo aún enormes diferencias y contrastes derivados de ella, a lo que últimamente hemos sumado una gran polarización política.

La sociedad en la actualidad no responde con la espontaneidad, decisión y fortaleza necesarias para enfrentar los retos actuales; es más, hemos caído en una especie de escepticismo extremo, si no es que, en algunos casos, de franca y abierta confrontación.

La sociedad no otorga mucha credibilidad al gobierno y a las instituciones emanadas de él, por lo que el resultado de muchas acciones de política es nulo, si no es que contraproducente.

El diagnóstico hecho durante muchos años acerca del lento crecimiento apuntaba hacia la necesidad de cambiar diversos aspectos para facilitar el funcionamiento de los mercados. La reacción de algunos grupos ante la reforma laboral adoptada a medias es un indicativo de la necesidad urgente de convocar a la unión de la sociedad civil para hacer frente a estos retos.

Pocos confían en que las reformas en materia de transparencia y rendición de cuentas que están por aprobarse por los legisladores mexicanos cambien algo en tanto no vean resultados concretos de corruptos consignados, por lo menos.

Urge que el nuevo gobierno dé resultados concretos en todas las áreas.

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