Prefirieron la ruta de la censura sobre la institucional. El presidente y su esposa no midieron las consecuencias y ahora será difícil que su hijo menor se sacuda de un apodo y del escarnio que suelen sufrir los adolescentes. Ordenar la cancelación del foro sobre el racismo al que la Conapred invitó a Chumel Torres, uno de los youtubers con mayor número de seguidores, con un programa de radio a nivel nacional y otro de televisión por HBO para latinoamérica, es un acto de censura y prepotencia cuando tenían en la institución el recurso para exigir respeto para Jesús Ernesto López Gutiérrez.

Está documentado, desde la campaña se advirtió que el entonces candidato y sus asesores no midieron los riesgos de que el jovencito apareciera en los actos públicos con un colorido mechón. Sí, Jesus Ernesto tenía y tiene toda la libertad de ir por la vida con el corte y tinte de pelo de su preferencia, pero cuando se trata de una contienda política hay un costo que los protagonistas no miden. Los aspirantes, por el afán de ganar votos, incluyen a la familia en la publicidad y en los actos, con lo cual los hacen parte del fuego cruzado.

En este espacio se reconoció el acierto de la señora Beatriz Gutiérrez Müller cuando exigió respeto para su hijo con argumentos. (https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Con-los-ninos-no-20181227-0006.html. Pero esta vez equivocó el camino, la cancelación del foro por la inclusión de Chumel Torres queda registrado como un error desde el poder. Para información del presidente, se trata del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, un órgano del Estado con personalidad jurídica y presupuesto propios, sectorizado con la Secretaría de Gobernación, tiene entre sus funciones promover el uso no sexista del lenguaje e introducir formas de comunicación incluyentes en el ámbito público y privado. Vale recordar que el primer presidente de la Conapred fue el activista Gilberto Rincón Gallardo.

Casi todas las familias de los presidentes ha pasado por episodios que lastiman a alguno de sus integrantes: por la preferencia sexual, problemas con las drogas o la bebida, uso de los recursos públicos, designación para cargos públicos, relaciones con celebridades y más. Un caso parecido lo vivió la familia Calderón Zavala cuando el hijo mayor del expresidente apareció en un acto público con ropa de militar, la fotografía lo acompañó durante todo el sexenio.

El problema estalló tras el tuit de Gutiérrez Müller: “¿A este personaje invitan a un foro sobre discriminación, clasismo y racismo? Sigo esperando una disculpa pública de este individuo sobre los ataques a mi hijo menor de edad”. Chumel Torres no hace nada diferente a lo que en otros tiempos hicieron comediantes en México y el mundo. Si la familia López Gutiérrez consideraba que había dolo o consecuencias en la vida de su hijo, debieron recurrir a las instancias correspondientes.

Las redes sociales han sido el escenario más descarnado, no pocos han señalado que si se trata de colgar apodos, el presidente no es inocente, incluso contra quienes en el pasado ostentaron la investidura presidencial: Chachalaca le decía a Fox y Comandante Borolas a Calderón. Estoy seguro de que más de alguna vez el tema del apodo a Jesús Ernesto fue tema con sus padres, me imagino que sus compañeros en la escuela así lo nombran. Para el caso no hay remedio, el único lo da el barrio: si el apodo ya pegó, acostúmbrate y hasta tómale cariño.

Juan María Naveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.

Lee más de este autor