Lo que sucedió el domingo pasado debe ser objeto de orgullo para todos los mexicanos. Por la vía democrática llegó al poder una opción política que había sido excluida de la toma de decisiones del gobierno federal. La autoridad electoral hizo su trabajo y el gobierno no desplegó su aparato para impedir el triunfo de un rival ideológico. El mandato es claro, el país votó por un gobierno que desarrolle políticas más intensas para reducir la desigualdad, promover el crecimiento económico, combatir la corrupción y alcanzar la paz. Se trata de hacer cosas distintas a las que se han hecho en los últimos 30 años, cuando gobernó la coalición PAN-PRI, sin poner en riesgo avances institucionales y en distintas áreas de política pública.

El nuevo gobierno cuenta con márgenes amplios para desarrollar sus políticas, ya que recibió también el apoyo para los candidatos a legisladores de la coalición Juntos Haremos Historia. Eso no puede significar la exclusión de otros puntos de vista, ni renunciar a buscar y alcanzar consensos en temas de política en donde existen coincidencias. Se requiere de diálogo sistemático con la oposición, de la que se espera responsabilidad en sus acciones y una crítica constructiva a lo que será un gobierno que desarrollará prácticas distintas.

Por suerte, sectores particularmente críticos de López Obrador y de sus propuestas han otorgado el beneficio de la duda a la nueva administración. Se reconoce el mandato ciudadano expresado en las urnas y la viabilidad de la propuesta del candidato de morena. Se sabe que ésta es una buena oportunidad para desterrar prácticas nocivas de la administración pública y lograr que los recursos del gobierno sirvan para reducir la desigualdad y promover el desarrollo. Es también una ocasión para repensar las acciones del Estado mexicano en materia de seguridad y poner como objetivo central la seguridad de las personas y el fin de la violencia. Afortunadamente, la opción política que triunfó ya había avanzado en el diagnóstico y en las propuestas de política pública. Los días posteriores a la elección han sido de estabilidad y confianza gracias a las señales enviadas por los actores políticos y especialmente por el virtual presidente y su equipo.

Por lo pronto, el interés del nuevo gobierno se ha centrado en hacer realidad, desde el próximo año, dos propuestas centrales de la oferta de campaña, fundamentales en materia de equidad y para ofrecer nuevas oportunidades de vida a la población, que son el incremento y universalización de la pensión no contributiva para adultos mayores y el programa de aprendices, para que jóvenes fuera del ámbito laboral y educativo aprendan un oficio. Se trata de programas que son viables dentro de la restricción presupuestal del gobierno, si se realizan las acciones necesarias para reducir el gasto burocrático. La transición será armónica, lo que es bueno para el país. El reto que sigue es enorme, pero se enfrentará adecuadamente con congruencia y responsabilidad.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.