Lamentable, que la iniciativa no se atreve a ?llegar al problema: el Artículo 123 de la Constitución.

Ese apartado constitucional está más para la arqueología política que para regir las relaciones laborales.

La mayor virtud de la discusión legislativa en torno de las modificaciones a la Ley Federal del Trabajo (LFT) está en la discusión misma del Congreso, en la imposibilidad de ignorar el tema para que termine congelado como tantas otras iniciativas.

Algo lamentable de esta iniciativa preferente en materia laboral es que no se atreve a llegar al origen del problema, que es el anquilosado, manoseado y obsoleto Artículo 123 de la Constitución.

Ese apartado constitucional está más para la arqueología política que para regir las relaciones laborales adecuadamente. Pero, como sea, los cambios a la LFT podrían permitir una modernización a las relaciones obrero-patronales. Siempre y cuando pasen estos cambios.

Una de las grandes ventajas de que se tenga que discutir en un plazo forzoso de un mes es que da poco margen para la presión y manipulación política. Y menos en estos tiempos, cuando los legisladores están muy ocupados peleándose lugares en las comisiones.

La iniciativa fue presentada, formalmente, el 1 de septiembre pasado, que fue también el primer día de operación de la actual Legislatura. Se tuvo que crear una comisión laboral con carácter de temporal para dar trámite al tema y, desde esta semana, el debate se ha formalizado para dar paso a su discusión en el pleno durante la próxima semana.

Todos los temas son ampliamente conocidos por los actuales diputados y senadores porque no hay uno solo que no haya formado parte de las deliberaciones previas que, durante meses, se tuvieron en el Congreso y que derivaron en el congelamiento de la iniciativa del PAN y en el absurdo adecuadamente priísta del dictamen del propio PRI.

Los mismos extremos expresados en aquel momento se reciclan ahora que corre el poco tiempo de la iniciativa preferente.

Se expresaron desde los representantes del sector empresarial, que exigen la aprobación a ojos cerrados de lo enviado por el Presidente, hasta los dirigentes sindicales, que defienden sus eternos beneficios con un: No pasará .

Cada quien, con sus usos y costumbres. El presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Gerardo Gutiérrez, prefiere usar la conferencia de prensa como el instrumento para advertir que no incluir o adicionar elementos costosos a los cambios legales en materia laboral podría resultar contraproducente.

Y los sindicatos, dirigidos por personajes como el eterno dirigente telefonista, Francisco Hernández Juárez o su camarada del SME, Martín Esparza, que tiene sindicato pero no empresa, prefieren las calles para ejercer presión. Este viernes, empiezan su movilización.

El principal beneficiario político de una reforma laboral será el gobierno entrante, que podría contar con un instrumento que haría crecer la economía sin la responsabilidad política de haberla impulsado.

Pero eso dependerá de los cálculos que hagan los legisladores de su propio partido en el Congreso. Porque, si bien está por restaurarse la figura del primer priísta del país, también es cierto que hay flancos tricolores fuertes -como el de Beltrones- en San Lázaro.

El PAN no tendrá empacho en apoyar la iniciativa presidencial, en la medida en que la manipulación de los partidos opositores no deje un dictamen que pudiera resultar, como dice el CCE, contraproducente. Entonces, sí, el PAN votaría en contra.

La izquierda vive en su bipolaridad, entre la esquizofrenia del que se fue con la fijación grabada en la mente de que le volvieron a robar la elección y la avaricia del que quiere dejar de ser el patito feo de los liderazgos del llamado progresismo.

Y, en medio, los ciudadanos que tienen muy poca información sobre los alcances reales de la propuesta presidencial y que se tienen que limitar a escuchar las ocurrencias de los que la apoyan y de los que la descalifican. La mayoría, sin argumentos congruentes.

Como sea, en unos 10 días, habremos de saber la suerte que correrá la iniciativa preferente en materia laboral que envió el Presidente saliente.

Mientras tanto, corre por un carril mucho más despejado la otra iniciativa preferente para transparentar las cuentas públicas de los diferentes niveles de gobierno.

Con una legislación así, que parece que podría pasar con menos dificultades, no habrá cabida para personajes tan oscuros como muchos de los que recientemente han gobernado diferentes estados y municipios del país.

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