Si creemos que este viernes 13 es de mala suerte, hay que aceptar que la discusión de la reforma laboral frustrada se ha convertido en la maldición de los priístas.

Cada oportunidad que tiene el presidente Calderón o su secretario del Trabajo, Javier Lozano, les recuerdan a los priístas que ellos son los autores de una iniciativa que le da una modernizada light a las leyes laborales y que al mismo tiempo son ellos los que le han puesto un freno a esa iniciativa.

Y es que no ha habido nadie capaz de rebatir el tema central de un cambio legislativo de estas características: una reforma laboral, aún tan acotada como la priísta, implicaría la creación de más empleos.

El argumento tricolor para justificar la incongruencia de proponer y congelar un cambio tan importante es que deben escuchar a todas las partes.

Este incomprensible freno a los cambios en materia laboral se le han adjudicado al que ahora llaman diputado 501.

Y es que no es nada descabellada la versión de que el menos interesado en molestar por ahora a los dirigentes sindicales con reformas que pudieran afectar sus lucrativas organizaciones obreras es el gobernador Enrique Peña Nieto, quien está a 50 días de las elecciones para Gobernador en su estado y alrededor de 400 días de la elección presidencial.

Entonces, si no se puede desmentir que una reforma laboral es un motor indiscutible para crear empleos y se logra sembrar la percepción de que el PRI la detiene por cálculos meramente electorales, pues el resultado es un discurso político muy rico para el Presidente.

Llegar a este encajonamiento de los tricolores es consecuencia del trabajo de Javier Lozano, quien desde que inició su labor al frente de la Secretaría del Trabajo insistió en una reforma laboral.

Primero, a través de una recopilación auténticamente histórica de todas las propuestas en materia laboral que a través de los años han hecho los partidos políticos y que constituían un sustancioso punto de partida.

La queja opositora es que no existía una propuesta formal de reforma laboral. Entonces, a través de la bancada panista se puso a debate una iniciativa de reformas a las leyes secundarias en materia laboral. Su punto de partida era no tocar ni una coma el Artículo 123 de la Constitución, que es una inamovible tabla sagrada de mandamientos para alimentar nuestras anclas dogmáticas.

Como la propuesta no obviaba la urgencia de transparencia sindical, los priístas se subieron al ring proponiendo una versión totalmente descremada de reforma donde no se atentaba en lo más mínimo en contra de las poderosas y millonarias dirigencias sindicales.

Sólo que al interior de ese partido va ganando la corriente de los que creen que la mejor forma de ganar adeptos es renunciando a sus obligaciones, para que las carencias sean adjudicadas al gobierno en turno.

Error. En este caso ya existía una iniciativa con el logotipo tricolor, que por supuesto, los panistas se apresuraron a firmar para que no quedara duda de quién se opone a los cambios.

Entonces, el experimentado partido tricolor se metió en un berenjenal con la reforma laboral, porque si no muestra disposición para discutirla, aunque sea en septiembre se confirmará su vocación bloqueadora.

Pero si se anima a entrar al análisis, sobrarán los que le reprochen que habían prometido escuchar todas las voces y para los líderes sindicales es muy sencillo llenar de oradores y ponentes cualquier mesa al respecto, con tal de no llegar a ningún lado.

Por ejemplo, Agustín Rodríguez, secretario del Sindicato de Trabajadores de la UNAM, dijo que analizar los posibles cambios en materia laboral significa entrar a 1,500 cuartillas de las propuestas presentadas por los principales partidos políticos. Esto suena a mucho, muchísimo tiempo requerido.

Al mejor cazador se le va la liebre y a los experimentados priístas se les fue este tema y ahora reciben una sopa de su propio chocolate .

La primera piedra

¿Tiene planes para comprar una camioneta vieja de ocho cilindros, de esas que se pueden regularizar aunque tengan origen ilegal, pero le espanta los precios de la gasolina?

¡Adelante! La Secretaría de Hacienda acaba de garantizar que no moverán los subsidios a las gasolinas y que seguirán siendo de las más baratas del mundo.

Este año serán más de 100,000 millones de pesos en recursos del erario que se destinarán a los subsidios a las gasolinas que, a pesar de esto, mantienen incrementos por arriba del promedio inflacionario.