Antes de que concluya julio, en el Senado estadounidense se aprobara la llamada reforma de Wall Street Dodd-Frank. A casi dos años del colapso de Lehman Brothers, el sector financiero aún no funciona adecuadamente, aunque la situación es mejor de la que prevalecía en 1932, cuando en los llamados apple days, sus empleados en vacaciones forzosas vendían manzanas en las esquinas de Manhattan.

Aunque cueste creerlo, Estados Unidos no tuvo banco central hasta 1913, cuando se creó la Reserva Federal. Sin prestamista de última instancia fue necesario que un particular, JP Morgan, organizara el rescate. La nueva ola de reformas surgió en la Gran Depresión a propósito de la quiebra bancaria. En 1932, la Ley Glass-Steagall introdujo el seguro de depósitos bancarios (FDIC) y la separación estricta entre banca comercial y banca de inversión. En 1933 se agregó la Ley de Valores que regula la emisión de activos financieros. En un giro de la historia, la firma JP Morgan fue la principal víctima de Ley Glass-Steagall, la cual requería la separación de la banca comercial y de inversión para evitar que las instituciones de Wall Street especularan con los depósitos bancarios. De otra manera, las actividades especulativas recibirían un subsidio.

La crisis financiera reciente revelo fallas estructurales en el modelo de negocio vigente. En los 80, varias reformas liberalizaron al sector financiero, dejando sin efectos la prohibición establecida en la Ley Glass-Steagall.

Durante un tiempo, los intermediarios financieros lograron competir en los mercados de capitales. Recientemente, en la banca se apalanca, en promedio, 18 veces el capital versus sólo tres veces en el sector no financiero. El resultado de esta desregulación es conocido, instituciones enormes que no pueden quebrar, ilíquidas, pobremente capitalizadas y de retorno bajo y volátil son fuente de inestabilidad macroeconómica sistemática.

La reforma de Wall Street Dodd-Frank busca corregir esta situación sin regresar a los viejos tiempos de la prohibición establecida en la Ley Glass-Steagall; crea el Consejo de la Estabilidad Financiera, que agrupará a todos los reguladores del sector, encabezado por el Secretario del Tesoro, y del que forman parte la FED, SEC y FDIC. En el Tesoro se creara una nueva oficina nacional de investigación del sector financiero, que debe vigilar al sector y advertir al Consejo sobre la formación de riesgos financieros.

Este Consejo es dotado de poderosos instrumentos de regulación. Para evitar el arbitraje regulatorio su autoridad se aplica a toda empresa, financiera o no, cuya operación represente riesgos sistemáticos para el sistema financiero. Con el voto de dos terceras partes de sus miembros puede hacer que cualquier empresa sea regulada por la FED.

El Consejo definirá los requerimientos de capital y liquidez de los intermediarios financieros. Se aplicara la llamada Regla Volcker, versión moderna de la prohibición Glass-Steagall, que limita las operaciones de carácter especulativo en instituciones con depósitos asegurados. Estas operaciones se llevarán a cabo en instituciones adhoc, apropiadamente capitalizadas, Finalmente, el Consejo será la institución a cargo de la liquidación de toda institución financiera relevante que fracase, evitando incurrir en pérdidas para los contribuyentes. En principio la reforma me parece un paso en la dirección correcta.

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