La reforma busca terminar con prácticas como ?la discrecionalidad para heredar y/o vender plazas y otorgar ascenso en el sector educativo.

La propuesta es un paso, aunque no suficiente, para un mejor destino al presupuesto educativo.

La semana pasada, el Ejecutivo federal presentó una iniciativa de reforma educativa que busca la adopción de ciertas prácticas y la eliminación de otras para mejorar la calidad de la educación en nuestro país.

Dentro de los principales puntos, se plantea la realización de un censo de escuelas y maestros a nivel nacional, la implementación de una evaluación obligatoria a todos los maestros, la ampliación del programa de Escuelas de Tiempo Completo y el otorgamiento de autonomía al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. La reforma busca terminar con prácticas como la discrecionalidad para heredar y/o vender plazas y otorgar ascensos.

La reforma es un paso necesario, aunque no suficiente, para darle un destino más productivo a los miles de millones de pesos que gasta México en educación.

Los gobiernos de las últimas décadas han hecho un esfuerzo importante por ampliar el acceso a la educación primaria, incrementando el gasto público en educación de un equivalente de 3.7% del PIB en 1990 a 5.7% del PIB en el 2009, nivel similar al promedio de la OCDE, que se sitúa en 5.6%, de acuerdo con datos del Foro Económico Mundial (WEF, por su sigla en inglés) y la OCDE.

Sin embargo, este incremento en el gasto no se ha traducido en una mejoría en la calidad de la educación en México.

De acuerdo con el reporte, México ocupa el lugar 68 entre 144 países en cuanto al nivel competitivo de su sistema educativo, a pesar de ser uno de los países emergentes que más gasta en educación. La situación es aún peor cuando se analiza únicamente el nivel de calidad de la educación primaria, rubro en el que México ocupa el lugar 118 entre 144 países.

La situación es aún más lamentable en el tema de calidad en educación en Matemáticas y ciencias, donde México alcanza apenas el lugar 124 de 144 países en el escalafón.

El gran problema de la educación en México no estriba en la falta de recursos, sino en una pésima distribución de éstos. Los maestros juegan un papel clave en el proceso de desarrollo y aprendizaje de los estudiantes y su compensación representa el componente más importante del gran gasto que hace México en educación.

El gremio magisterial en México esta dominado por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), los cuales han sido el principal obstáculo a una reforma educativa de fondo que permita impulsar la calidad educativa.

El SNTE y la CNTE son sindicatos altamente politizados, más ocupados en extraer y mantener rentas y prebendas a cambio del voto en bloque que en educar a los niños y adolescentes de México.

La evidencia está en la falta de correlación entre los altos niveles de gasto en educación y los pobres resultados de los alumnos mexicanos en pruebas estandarizadas a nivel internacional. De acuerdo con un estudio del WEF, la mayoría de los países que destinaron montos similares como porcentaje del PIB al gasto público en educación obtuvo resultados superiores a México en estas pruebas.

No es casualidad que los países emergentes que más han avanzado en competitividad y bienestar de su población en los últimos 15 años, como Corea del Sur, sean los que mejores resultados han tenido en la arena educativa. Corea del Sur ocupa el lugar 17 en la clasificación de educación superior, mientras que México se sitúa en el lugar 77.

La iniciativa de reforma es, sin duda, un paso alentador y necesario para romper esta inercia tan negativa de mayor gasto y menor retorno en cuanto al nivel de calidad educativa.

No obstante, la reforma seguramente encontrará varios obstáculos, no en su aprobación, pero sí en su implementación y ejecución, ya que vulnera los intereses políticos de algunos grupos de poder.

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