Dos de las empresas que participaron en la licitación para construir la macrorrefinería en Dos Bocas, Tabasco, declinaron continuar en el proceso para obtener el contrato de tan deseado proyecto. El otro contratista participante había declinado desde etapas anteriores de la licitación.

A cualquier otro jefe de Estado se le hubieran encendido las luces amarillas y hasta las rojas ante la explicada conducta de empresas contratistas que cuentan con una larga experiencia en la construcción de refinerías. Las dos últimas de las tres que se inscribieron originalmente para la licitación externaron con toda claridad la razón de su declinación. En su opinión, no hay posibilidad de que el proyecto pueda concluirse en tres años, como tampoco podrá hacerse con el presupuesto estimado de 8,000 millones de dólares. Pero Andrés Manuel López Obrador, empecinado como es y con ese desprecio muy suyo por los argumentos de tipo técnico, decidió descartar las razones de las empresas que participaron en la licitación. ¡Qué caray! La refinería en Dos Bocas será construida por Petróleos Mexicanos con la colaboración de la Secretaría de Energía.

No se necesita ser un genio para predecir lo que sucederá a la postre con la tan mentada refinería que se ubicará en Tabasco, en una localización que se ha vuelto altamente conocida para la opinión pública. No importa que expertos calificados ya hubieran externado que el sitio es inadecuado por las tierras pantanosas en que se encuentra y por su lejanía de los centros de consumo. Así, las conclusiones a que nos lleva el sentido común —a veces, el menos común de los sentidos— y también una lógica elemental van en la dirección opuesta a las proclamaciones del régimen. Es decir, es altamente improbable o prácticamente imposible que la obra se concluya en el periodo previsto de tres años, y, algo aún más importante, también es seguro que el costo del proyecto resulte a la postre superior o muy superior al originalmente señalado. Pero yo, desde mi solitario gabinete, tengo otro pronóstico adicional. La refinería en Dos bocas tampoco alcanzará su capacidad óptima de producción. No estarán dadas las condiciones para que así ocurra.

Aunque pudiera suponerse que tengo animadversión en contra de la refinería en Dos Bocas, para el Tren Maya o el ferrocarril de Tehuantepec, no es ese el caso. Lo que me inquieta es el beneficio alternativo implícito para los recursos que se aplicarán.

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BrunoDonatello

Columnista

Debate Económico