Durante las últimas semanas se han publicado una serie de datos económicos en Estados Unidos que se han caracterizado por su debilidad.

Por un lado, el ISM de manufacturas -un índice que mide el nivel de actividad en la industria manufacturera- se ubicó en 53.5 durante mayo, una fuerte caída contra 60.4 observado en abril y el primer registro en el índice por debajo de 60 en lo que va del 2011.

La variable que más afectó el índice fue la medición de órdenes futuras en casi todas las regiones cubiertas por el índice.

Una medición por arriba de 50 en el índice indica expansión económica, mientras que una medición por debajo de 50 representa una contracción en la actividad económica. La lectura de mayo es la más baja desde agosto del 2009 y, para muchos, es el comienzo de una recaída en la economía de EU.

Asimismo, los números de empleo para mayo reportados el viernes pasado demuestran una fuerte desaceleración en la creación de éstos. Los 54,000 trabajos creados durante mayo contrastan  con los 232,000 generados en abril y la creación promedio mensual de 176,000 registrada entre diciembre del 2010 y abril de este año.

La desaceleración en la creación de empleos se dio tanto en el sector privado como en el público, que de hecho mostró una contracción, contribuyendo a elevar la tasa de desempleo a 9.1% en mayo comparado con 9% en abril y 8.8% en marzo.

Adicionalmente, los datos de duración del desempleo siguen mostrando un deterioro con la duración promedio, alcanzando 39.7 semanas comparado con 38.3 en abril. El número de personas desempleadas más de 27 semanas alcanzó a 45.1% del total de los desocupados.

Esto es más de 2.5 veces la duración promedio durante la década anterior y casi el triple de lo observado en los 90.

Estas cifras son importantes porque los beneficios de seguro de desempleo expiran después de 32 semanas.

Para dar un poco de contexto a estas cifras de empleo, recordemos que en la recesión se perdieron alrededor de 8.7 millones de trabajos y que durante la recuperación sólo se han creado 1.8 millones. Esto implica un déficit de 6.9 millones de empleos.

De acuerdo con los expertos, sería necesario crear cerca de 350,000 empleos mensuales para poder reducir la tasa de desempleo de 9 a 6% en un período de tres años.

Adicionalmente, los datos más recientes del sector residencial confirman una doble recesión en este pilar de la economía americana y la mayoría de los expertos auguran una mayor caída en los precios de las viviendas en los próximos meses.

Ante esta avalancha de noticias negativas, no resulta sorprendente que el índice de confianza del consumidor haya caído de 66.5 en abril a 60.8 en mayo, su nivel más bajo desde enero de este año.

La debilidad de los indicadores económicos se ha comenzado a reflejar en los mercados accionarios. El índice Dow Jones cayó 2.3% la semana pasada, completando su quinta semana consecutiva a la baja, su racha negativa más prolongada desde julio del 2004.

El índice acumula una reducción de 5.6% desde los máximos registrados a finales de abril.

Por su lado, el índice S&P 500 registro una caída de 2.3% la semana pasada, alcanzando su peor semana desde agosto, al situarse en 1,300 unidades, un nivel no observado desde marzo de este año.

Para muchos observadores el ajuste en los mercados podría prolongarse durante el verano, amenazando con romper los mínimos de marzo de este año -provocados por el episodio de sismo, tsunami y crisis nuclear en Japón- cuando el S&P 500 tocó 1,256 unidades y el Dow Jones 11,613 puntos.

Dichos niveles representan potenciales bajas adicionales de casi 5% para ambos índices.

Inclusive hay quienes argumentan que no hay ninguna razón por la cual la corrección no podría prolongarse a 7.1% para ambos índices.

Aunque buena parte de los economistas pronostican que la mala racha de actividad económica es temporal y que la recuperación podría volver a tomar vigor a partir del tercer trimestre, el nivel de incertidumbre, sin duda, ha aumentado.