En plena recesión el año pasado, la discusión entre los expertos era qué clase de recuperación veríamos para estas alturas del año. ¿Una vigorosa que dejara atrás rápidamente la recesión? ¿Una más lenta que tardara tiempo en notarse, pero con una constante curva ascendente? ¿O una recaída en la actividad económica, como consecuencia de las medicinas fiscales aplicadas?

Hasta abril pasado, en Estados Unidos se veía una recuperación que empezaba a tomar una mayor velocidad. Indicadores como la venta de casas nuevas y usadas o las órdenes de bienes duraderos, mostraban las evidencias de un despegue.

En esas estaba la economía estadounidense y por lo tanto, de rebote la mexicana, cuando la crisis fiscal europea hizo su aparición en escena a través del desorden de los mercados que ahora hemos visto.

Es cierto que había ciertas evidencias de mejores resultados económicos en Estados Unidos, pero tampoco pueden decir que los europeos echaron a perder su proceso sostenido de recuperación, porque al menos dos indicadores se mantienen muy bajos: el desempleo y de la mano con éste, la confianza del consumidor.

Como sea, hoy las autoridades de ese país viajan por el mundo para tratar de convencer a todos, de que la suerte europea no tiene porqué condicionar el futuro de la economía más grande del planeta.

El secretario del Tesoro, Timothy Geithner, está en China  para influir confianza en el proceso de recuperación de Estados Unidos.

¿Y por qué querer convencer a los chinos y no a sus propios ciudadanos primero? Básicamente, porque los asiáticos deben confiar en la fortaleza del mercado de América del Norte, antes de acceder a relajar su política cambiaria.

China mantiene a su moneda, el yuan, como un instrumento promotor de las exportaciones y no como reflejo del valor de su mercado. O sea, que sirve para favorecer sus ventas al exterior y por lo tanto, perjudicar a los importadores.

Pero si China ve que el dólar no tiene estabilidad y se fortalece enormemente frente a las monedas de los otros bloques, como el euro, entonces tendrán el pretexto ideal para mantener su yuan como instrumento político, no económico.

Geithner, quien de hecho acompaña a la secretaria de Estado, Hillary Clinton, abordará el avión en Beijing para dirigirse a Berlín. Ahí, buscará junto con las autoridades financieras del continente europeo buscar salidas a la encrucijada en la que está de nuevo el planeta entero.

No lo dicen oficialmente, pero sí  hay quien filtra que el Secretario del Tesoro de Estados Unidos tratará de hacer entender a los alemanes, que limitar las operaciones de los mercados financieros no es una salida a la crisis fiscal, pues sólo afecta la confianza de los inversionistas.

Y ya será hasta que veamos cuál es el resultado de este tipo de encuentros y cuáles las consecuencias en la economía de Estados Unidos, para que podamos calcular los impactos en nuestra vulnerable y dependiente economía mexicana.

La primera piedra

El doctor Carstens está convertido en el oncólogo de la economía. Cuando todo parecía que mejoraba, es este experto el que se encarga de notificarnos que las quimioterapias monetarias tendrán que seguir por algún tiempo.

Hacia delante, explica el diagnóstico del doctor Gobernador del Banco de México, la incertidumbre asociada con la crisis europea, plantea riesgos no contemplados anteriormente .

El cálculo es que, ante esta nueva incertidumbre mundial, el proceso de recuperación de la economía global tarde mucho más de lo esperado y por lo tanto, no haya necesidad de cambiar las recetas medicinales de la política monetaria. Esto anticiparía tasas estables en los niveles actuales por algún tiempo más.

De hecho, otra vez en Estados Unidos la preocupación parece estar asociada a un proceso de deflación, antes que creer que pueden revivirse las presiones de aumento en los precios que tanto se temían apenas hace unos meses. La gran diferencia ahora es que si, efectivamente, empiezan a darse presiones deflacionarias en Estados Unidos, la condición fiscal de ese país no estaría para volver a lanzar las bombas de racimos de dólares que ayudaron a mantener a flote economía y precios.

Entonces, el doctor Carstens nos da la mala noticia que las células causantes de los males económicos padecidos ya durante los dos últimos años, no sólo no han sido erradicadas, sino que empiezan a mutar en enfermedades financieras que no teníamos previstas.

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