La política exterior de Trump se prepara a partir de una receta cada vez más previsible: 40% de retórica; 20% de componente chino; 10% contra entes supranacionales y tratados supranacionales; 10% de componente racista; 10% de componente favorable a Arabia Saudita e Israel y 10% de componente mexicano.

Su rasgo racista es transversal. Irán, Siria, Irak, Somalia, Sudán, Yemen y Libia fueron los primeros países que sancionó al cerrarles las puertas de Estados Unidos a sus respectivos ciudadanos.

Lo hizo justificando seguridad nacional frente a los musulmanes.

Jared Kushner, en calidad de secretario de Estado de facto con la máxima distinción, lleva la relación y los negocios personales con Israel y Arabia Saudita. Ni el crimen del reino cometido en contra de Jamal Kashoggi en un consulado le hizo reflexionar un poco sobre el comercio de armas que sostiene con Arabia Saudita.

La decisión de trasladar su Embajada a Jerusalén y su apoyo a Benjamin Netanyahu, lo mismo en la campaña de reelección como en la estrategia de ocupar territorios, le da un vuelco a la política exterior de Obama.

Donald Trump decide abandonar el acuerdo climático de París, el nuclear con Irán y el de misiles de alcance medio, utilizando una serie de argumentos irracionales y muy lejanos a los análisis agudos de la secretaría de Estado, combinado con su retórica de America first.

A la Unión Europea la quiere desmantelar. Por esa razón apoya a Steve Bannon para que abra y distribuya franquicias ideológicas del nacionalismo económico.

Con China negocia poner fin “al robo de propiedad intelectual, hackeo, manipulación de la moneda, altas barreras arancelarias y no arancelarias”, entre otros ( “Were in an economic war with China. It’s futile to compromise”, escrito por Steve Bannon en The Washington Post, 6 de mayo). Esto me parece bien. El remedio es el problema: aplicar aranceles a China transfiere al mundo incremento de precios. Un ejemplo es Apple. Fabricada en China una amplia gama de sus productos, iniciará una política de incremento en sus precios.

México forma parte de su portafolio de efectos especiales. Trump sacrificó la relación personal con Peña Nieto a un costo muy bajo. De su mala relación pública obtuvo externalidades positivas como, por ejemplo, su exitosa campaña electoral de odio hacia México. Con el presidente López Obrador, Trump se ha dado cuenta de que el mexicano no habla sobre Estados Unidos ni del mundo. El estadounidense permite que Marco Rubio haya respondido a México por su postura sesgada a favor de la dictadura de Nicolás Maduro. Lo hizo castigando a los productores mexicanos de jitomates.

Con el poder que otorga el Despacho Oval, Trump ha inflado su retórica para amenazar a Kim Jong-un de un ataque con misiles. Al Golfo Pérsico envía buques para enseñar músculo a Irán y de Irak retira a su personal diplomático por “inminentes ataques” de milicias chiitas.

La guerra civil siria es el referente más cercano que explica el origen de la pandemia del ultranacionalismo. De los 22 millones de sirios la mitad se encuentra refugiada o desplazada. Sobre el terreno sirio se incrustó un califato apoyado por Arabia Saudita para enfrentar a chiitas. Irán, por su parte, apoya a Bashar al-Asad. Otro escenario que se impuso en Siria fue el de la batalla de Erdogan en contra de los kurdos. Y claro, Al-Asad aprovechó para brindar apoyo al PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán).

Ultranacionalismo

Francia, al verse atacada por el Estado Islámico, se unió a Rusia en su batalla en contra del Estado Islámico. El presidente ruso, antes antagonista del turco Erdogan, cerró una alianza en beneficio del propio Al-Asad.

Y así llegamos a los ultranacionalismos europeos. Azuzando el miedo por los inmigrantes, el espacio Schengen corre el riesgo de desaparecer; la libre circulación es uno de los rasgos fundamentales en la Unión Europea. Sin ella, prácticamente le estarían amputando un miembro vital.

El Brexit, sinónimo de fracaso de integración, ha sido tratado como modelo de éxito por Bannon y Trump. A los 27 países de la Unión Europea, parece que el camino tortuoso e incierto de Theresa May, lo ha asustado. Buenas noticias.

El 26 de enero veremos los efectos de los ultranacionalismos en el Parlamento de la Unión Europea.

UE, respuesta contenida

Sobre el caso de Irán, Trump no se esperaba la respuesta del presidente Hasán Rohaní. Incumplir el acuerdo nuclear por los efectos que están provocando las sanciones de Estados Unidos en materias energética y financiera. La Unión Europea defiende el acuerdo nuclear pero mantiene reprimida una respuesta contundente en contra de Trump.

Por lo pronto, su política exterior, la de Trump, es previsible pero peligrosa. Sobre todo cuando a su lado tiene a John Bolton.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.