La reapertura de negocios de comida, específicamente de restaurantes, ha sido una experiencia llena de incertidumbres en el proceso de la pandemia. Pues una de las industrias con mayores pérdidas económicas, ha sido la industria restaurantera. Alrededor de todo el mundo, miles de familias dependen directamente de esta industria, como cocineros, empleados de piso, meseros, etcétera y algunas otras lo hacen de manera indirecta como los proveedores de víveres. En algunos restaurantes, incluso, se habían mantenido relaciones con proveedores que resultan ser los productores directos de insumos alimenticios que, de otra manera, no hubieran llegado a los platos de los comensales.

El tema con la industria restaurantera es que —además de la venta de platillos, por la que algunos negocios han podido subsistir— el restaurante es una experiencia de sociabilidad por sí misma.

El proceso de reapertura ha sido, por decir lo menos, un proceso de prueba y error ante una pandemia de este calibre. Si bien los protocolos de distanciamiento social se instauraron alrededor del mundo, los protocolos de reapertura han dejado más incertidumbres. Por ejemplo, en el caso europeo, específicamente en Francia y España, donde los restaurantes, bares y cafés son prácticamente uno de los centros de la vida pública, la reapertura tuvo que ser paulatina y no por ello organizada.

En la región parisina, por ejemplo, el topar la máxima capacidad a 10 mesas ha resultado ser en, algunos casos, una medida impráctica, ya que hay negocios que por su tamaño en tiempos normales no alojaban ni 10 mesas.

En Estados Unidos, ya son varios los restaurantes que han abierto y han tenido que volver a cerrar sus puertas. Estos restaurantes se encuentran en Florida, Texas, Los Ángeles, Nueva York e Illinois.

La reapertura ha implicado para los restauranteros destinar recursos económicos para la sanitización y adaptación de los locales para obtener el visto bueno de las autoridades y poder ser reabiertos. Algunos restauranteros estadounidenses se han quejado de la enorme confusión no sólo en la reglamentación de la reapertura, por lo ambiguo que pudiera resultar en ciertos casos las reglamentaciones de sanidad.

Los restaurantes que habían abierto y han vuelto a cerrar lo han hecho debido a nuevas olas de contagio en las que más de la mitad de su equipo de trabajo ha caído enfermo por coronavirus. En estos casos, la decisión de volver a cerrar el local ha sido de los dueños, pues operativamente los restaurantes cumplen con las legislaciones para ser reabiertos. En este caso, los restauranteros se han quejado del poco acompañamiento en el proceso de reapertura. Lo cierto es que las decisiones que se tomen tienen consecuencias importantes.

El ejemplo de la reapertura y cierre de nueva cuenta de cientos de restaurantes pone en evidencia el proceso que se ha vivido en esta pandemia. Las consecuencias económicas no pueden ser aisladas de las consecuencias sanitarias y sociales. La pandemia también ha revelado el proceso de poca credibilidad ante las instituciones que se vive a nivel global. También, pone en evidencia procesos en los que aunque se conozcan los mecanismos de contagio del virus, desde una perspectiva sanitaria, a  la implementación y la instauración de nuevas normas sociales aún le queda un largo camino por recorrer. Además, aunque desde la normativa gubernamental exista la opción de abrir, existen movimientos ciudadanos que, viendo las consecuencias reales de ello, deciden tomar acciones por su propia cuenta.

Twitter: @Lillie_ML

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.