Esta hortaliza roja es una de las piezas fundamentales ?de la cocina más popular en este país. Quizá más que ?el chile y al nivel del maíz.

Con la inflación otra vez por arriba de la meta del Banco de México, seguro que se apaga la posibilidad de algún estímulo económico a través de bajar las tasas de interés.

Sobre todo porque los cálculos están hechos con base en la inflación general y no en la medición de los precios que no se ven afectados por la estacionalidad.

Regularmente, son los precios de los energéticos y los de los productos del campo los que más se mueven dependiendo la temporada del año. Aunque hay otros precios, como los de la educación, que evidentemente tienen incrementos hacia el inicio de los ciclos escolares, cuando entran en vigor los aumentos en las colegiaturas.

Dentro de los energéticos, el precio de la energía eléctrica provoca notables distorsiones en la inflación, porque en algunos estados del norte del país las tarifas bajan antes del inicio del verano, para subsidiar el aire acondicionado, y vuelven a subir hacia el inicio del otoño. Esto provoca inflaciones negativas en abril y mayo e inflaciones más altas hacia octubre.

En el caso de los productos del campo, todo suma o resta: una buena cosecha, la sequía, un aumento en la demanda... En fin.

Pero, dentro de los precios del campo, hay uno especialmente volátil y que golpea fuertemente la medición inflacionaria. Se trata del precio del jitomate o tomate rojo. Esta hortaliza es una de las piezas fundamentales de la cocina más popular en este país. Quizá más que el chile y al nivel del maíz.

El tema es que el jitomate es también la base de otras cocinas como la estadounidense o la italiana. El punto es que a los estadounidenses les encanta este sabor y, por lo tanto, son buenos clientes de este producto.

El campo mexicano se ha vuelto altamente eficaz en la producción de esta hortaliza, los tomateros mexicanos tienen niveles de tecnología similares a las de cualquier país del primer mundo. A no ser, claro, por la falta de mejor infraestructura carretera , hidráulica y energética. Pero ellos son altamente competitivos.

El mercado principal del jitomate mexicano no es México. Es Estados Unidos. Ellos marcan el ritmo del mercado. Menos demanda en aquel país, más disponibilidad para México y, por lo tanto, mejores precios.

Al contrario, cuando crece la demanda de jitomates del otro lado de la frontera, los excedentes que se quedan resultan caros. Por eso los precios suben de forma tan escandalosa en tan poco tiempo.

Por ejemplo, la quincena pasada, el precio del jitomate subió 27.28 por ciento. Un aumento que no tiene reflejo en otros productos del campo, como para explicarlo simplemente en la temporalidad de cosecha de este producto o solo en las condiciones climatológicas.

La uva, el chile serrano y hasta el huevo presentaron disminuciones en sus precios en la primera quincena pasada, pero todos estos movimientos por debajo de 10 por ciento.

Dime cuánta salsa cátsup consumieron los gringos y te daré un pronóstico inflacionario. Ésa parece ser la consigna al momento de hablar del jitomate.

Y con este reciente movimiento de alza importante, el banco central seguro que guardará por un tiempo su posibilidad de bajar la tasa. Y dentro de la neutralidad que ha mostrado a lo largo de los últimos años, podría optar por seguir en esta zona de 4.5% en su tasa de referencia.

Porque la inflación podría recibir otra buena noticia. Si la quieren hacer electoral, igual y hasta esta misma semana, pero resulta que los precios de las gasolinas en Estados Unidos ya igualaron los precios de las gasolinas acá en México, lo que ya no justificaría los incrementos mensuales.

Hacerlo esta semana sería muy obvio, pero quizá, como un regalo de despedida de la presente administración, recetan hasta una baja en estos precios y le traspasan el problema presupuestal a la siguiente administración. Sería una bonita forma de borrar el chocante mote del gasolinazo.

En fin que los productos volátiles marcan el ritmo inflacionario, y estos altibajos acaban por darle la razón a la forma pausada, no acelerada, de actuar de la Junta de Gobierno del Banxico. No se apresuran a tomar determinaciones, porque las cosas cambian con gran facilidad.

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