El Parlamento británico afronta un bloqueo absoluto en la fase decisiva del Brexit (salida del Reino Unido de la Unión Europea).

El acuerdo alcanzado por la primera ministra Theresa May en Bruselas para implementar esa ruptura el próximo 29 de marzo no tiene mayoría en la Cámara de los Comunes, como se comprobará en la votación prevista para mañana. Pero tampoco hay mayorías para las potenciales alternativas: un Brexit sin acuerdo, una salida más blanda para imitar el modelo de relación entre Noruega y la UE, u otro referéndum que permita a la población dar marcha atrás al proceso.

¿A qué se debe esta situación? La razón hay que buscarla en la ruptura de las fronteras políticas que supuso el referéndum del Brexit el 23 de junio del 2016. Tres tribus distintas apoyaron la salida de la UE, alcanzando 52% de los votos. La primera es la de los nostálgicos de un Reino Unido más uniforme y capaz de sacar pecho por sí solo en el mundo. En general, se trata de gente de avanzada edad con una holgada posición económica. El segundo grupo que respaldó el Brexit es el de gente de clase obrera o sin trabajo que considera la inmigración como un peligro para sus puestos de trabajo, para los servicios públicos y para las ayudas que reciben. El tercero, menos numeroso, es el de los liberales que ven la UE como una institución demasiado burocrática cuyas regulaciones constriñen la expansión económica del Reino Unido.

En el lado de los partidarios de la Unión Europea, también había dos bloques diferenciados. El primero es el formado por gente joven que ve Europa como una oportunidad para salir a estudiar y trabajar, más que una amenaza. El segundo es el de profesionales o pequeños empresarios que trabajan en zonas urbanas y ven el mercado único con buenos ojos porque reduce el coste de los productos importados y da más acceso a mano de obra extranjera.

De las tres tribus pro-Brexit, dos son habituales votantes conservadores (nostálgicos y laborales) y la otra (clase obrera) es laborista o abstencionista. En el lado pro-europeo, los jóvenes se inclinan más por los laboristas, mientras profesionales y empresarios suelen apoyar a los conservadores.

Esto hace que los dos grandes partidos estén muy divididos ante el Brexit y sus líderes (May en los conservadores y Jeremy Corbyn en los laboristas) mantengan posiciones ambiguas y poco populares dentro de sus propias formaciones.

La solución de este dilema es complicada. Parece difícil hallar una posición mayoritaria en la actual Cámara. Unas nuevas elecciones generales, como reclama Corbyn, no aclararían el panorama salvo que cada partido defina su postura sobre el Brexit en sus respectivos programas. Otro referéndum, sea cual sea su resultado, recrearía la fragmentación en el Parlamento sobre la mejor forma de implementarlo. Atrasar la fecha del Brexit puede ser la única opción a corto plazo que consiga un respaldo mayoritario en el Parlamento.

Para retrasar la fecha necesitan la aprobación de Bruselas.

Bruselas ya tiene un acuerdo para el Brexit, y no se va a prestar a renegociar nada. No tiene sentido alargar un periodo cuando ya hay un acuerdo. Las dos opciones reales son Brexit duro o retirar la opción de salida.

Veremos lo que ocurrirá mañana.