En estricto sentido económico, regalar es un acto irracional muchos sentidos. Implica tratar de anticipar los deseos de otra persona, expresada en una compra que le genere algún nivel de satisfacción, y es un gasto que, en principio, no repercute con un beneficio económico tangible para quien lo ejerce.

Sin embargo, el acto de regalar sirve para revelar de manera muy puntual la interacción entre las decisiones emocionales y las decisiones económicas que cotidianamente tomamos las personas.

Para algunas personas el acto de regalar implica siempre pensar que recibirán a su vez un obsequio de la otra persona o que por lo menos existirá una especie de deuda emocional que podrán cobrar en el futuro. Yo he oído a este tipo de personas expresar puntualmente: “Regalo porque espero que me regalen a mí también”. En el otro extremo, están quienes obsequian sólo pensando en generar algún tipo de bienestar en el otro.

Para la mayoría de las personas, los regalos se dividen en dos grandes categorías, por la naturaleza de la persona a la cual dirigimos el obsequio.

Por un lado, están aquellos regalos que realizamos fundamentalmente porque creemos que existe algún tipo de compromiso o norma social que nos hace sentir obligados (como por ejemplo en la época navideña) a mostrar algún tipo de interés en una. En esta categoría se inscriben la mayoría de los regalos que realizamos, por ejemplo en nuestro entorno laboral o con personas con las que tenemos algún tipo de relación más emocional.

Por el otro lado, se encuentran aquellos regalos que damos a las personas con quienes sentimos una conexión emocional que nos lleva a tratar de expresarla a través de un regalo que muestre el interés y que se tiene en la mente a la otra persona.

En un artículo sumamente citado en la época decembrina publicado en 1993, “The Deadweight Loss of Christmas” de Joel Waldfogel, determinó que tan sólo en Estados Unidos el costo de los regalos que no tenía ningún significado real para quien los recibía en la época de navidad representa una cifra cercana a 13 billones de dólares.

Por supuesto, el primer problema en relación con lo anterior estriba en el hecho fundamental de que los seres humanos casi siempre acertamos tratando de reconocer las fallas de las conductas de otros, pero somos pésimos para reconocer las carencias en la conducta propia. Somos capaces de criticar un mal regalo que recibimos, pero frecuentemente somos incapaces de reconocer la completa inutilidad de muchos de los regalos que damos.

De ahí la importancia de que busquemos elementos en nuestras decisiones que incrementen el beneficio percibido de los obsequios que damos, con el fin no sólo de incrementar una potencial respuesta (si es que nuestro egoísmo es tan grande que para eso regalamos), sino sobre todo para lograr que efectivamente el acto de obsequiar muestre el interés emocional que tenemos en la otra persona.

Por ello, me permito recuperar dos consejos básicos de algunas de mis colaboraciones antiguas de la época navideña.

1. Regale experiencias grupales. Por ejemplo, en vez de regalar a un grupo de amigos un obsequio a cada uno de ellos, cuya inversión para generar un efecto favorable sumada podría ser excesivamente elevada, conviértalo en una convivencia en su casa que puede generar un momento de recuerdo, que perdure más que un obsequio, generando una conexión emocional mucho más sólida que algo que se compre.

2. Invierta tiempo en analizar y decidir qué regalo apreciaría la otra persona. Cualquier regalo mínimo, pero que refleje que hay un genuino interés en conocer los intereses, ambiciones y anhelos de la otra persona, por mínimo que éste sea, tendrá un efecto mucho más emocional y duradero que un obsequio que la otra persona perciba como genérico. La expresión del interés en otra persona es una de las emociones más robustas para generar vínculos profundos.

Les deseo una feliz Navidad (o la fiesta decembrina de su elección) a ustedes y sus familias.

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Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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