La Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) resolvió no autorizar la concentración entre la empresa Rheem y Grupo Industrial Saltillo en el mercado de calentadores de agua.

La instancia informó que una fusión dañaría la competencia en ese mercado. Previamente, Grupo Industrial Saltillo ofreció a la estadounidense Rheem Manufacturing Company y Rheem US Holding la venta de activos, como instalaciones, marcas y licencias.

Sin embargo, la Cofece encontró que, de realizarse la operación, Rheem se convertiría en el principal competidor en México con una participación significativa en los mercados y esto ponía en riesgo la competencia.

La Cofece afirmó que el agente económico adquirente fortalecería su posición en los mercados en los que participa, lo que le permitiría incrementar los precios y poner en riesgo el proceso de competencia y libre concurrencia.

El comunicado de la Cofece es impreciso. El hecho de que Rheem se convirtiera en el principal competidor en el mercado no es motivo suficiente para objetar una concentración. En todo mercado existe un principal competidor. A los empresarios que hay que temer es a los que ejercen un poder dominante en el mercado, que impide la competencia, no a los competidores líderes per se, como decía la anterior regulación en materia de concentraciones de la Unión Europea.

Una ventaja de la negativa es que se mantendrá un competidor nacional líder en el mercado, con lo que disminuye en algo la tremenda extranjerización que sufrimos en la economía desde la época de Salinas, aunque mucha gente considera que da igual que en un mercado operen empresas extranjeras en lugar de nacionales —como opina Alejandro Faya— para beneficiar a una nación. Un reciente libro denominado Las corporaciones mundo tiene un artículo que sostiene que las multinacionales mexicanas no añaden valor a través de investigación y desarrollo, como sucede en otros países, porque la hacen más allá de nuestras fronteras. Parece ser que las empresas nacionales prefieren hacer esos gastos en el extranjero —quizá una muestra del malinchismo que nos caracteriza—, con lo que nuestro país pierde el pírrico gasto en investigación, desarrollo e innovación que destinamos a ese rubro. Bajo esta concepción, no tendría ninguna ventaja que las empresas fueran nacionales sobre las extranjeras. Ello daría la razón a la resolución de la comisión.

Un aspecto que no se analizó adecuadamente —de acuerdo con lo que nos ha dado a conocer la Cofece— son las escasas barreras a la entrada que existen en el mercado de los calentadores, en particular las importaciones chinas, lo que frenaría el temor a crear una posición dominante en el mercado, de acuerdo con un consultor del sector. El factor más determinante para mantener una posición monopólica es la existencia de fuertes barreras a la entrada, que parece que fueron subestimadas por la comisión. Otra cuestión adicional es que se hubiera podido sujetar la concentración a condiciones para evitar la creación de esa posición de dominancia, pero no llegar al extremo la resolución de prohibir la concentración, aunque un elemento a favor de la Cofece es que las ventajas en eficiencia parece que no benefician a los consumidores, factor que parece ser el determinante en la decisión del órgano antimonopolios. En definitiva, quedan muchas variables que debía haber analizado la comisión a mayor profundidad para haber puesto el semáforo rojo a la fusión. Una resolución y un comunicado que nos deja con más dudas que convicciones. Habrá que ver qué dicen los jueces en la segunda parte de esta historia.

*Máster y doctor en Derecho de la competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del área de competencia, protección de datos y consumidores del despacho Jalife& Caballero.