Decisión frente a la posibilidad imposible G. Ellmann

Hoy, se prevé, en su caso, la discusión del dictamen de la Comisión de Trabajo y Seguridad Social de la Cámara de Diputados sobre la iniciativa de reforma laboral, en una sesión plenaria que será larga. De la reforma laboral se habla desde hace casi 20 años. Llegó el momento de dar el paso.

Pero, en este largo periodo, la situación económica nacional y mundial ha cambiado. Basta considerar la última crisis financiera del 2008 y el 2009 y reconocer que todavía tiende sobre la globalización su larga sombra.

La recuperación de Estados Unidos tomará tiempo, tres años, por lo menos, de acuerdo con las últimas medidas que aumentan la liquidez monetaria global aplicadas por la Reserva Federal. Las tasas de interés, en su nivel histórico más bajo, instigan a la inversión todavía renuente a correr riesgos en los mercados de la incertidumbre. Europa, dicen los expertos, tardará por lo menos 20 años para alcanzar nuevamente las tasas de crecimiento anteriores a la crisis financiera que dibujó en el horizonte un apocalipsis impensable.

En la trama de esta poscrisis, las economías emergentes están convirtiéndose en los motores del crecimiento mundial. No sin nubarrones cercanos y lejanos, de acuerdo con la especificidad de cada una de ellas. China disminuye su crecimiento y sus costos de producción se elevan, lo que baja su competitividad. Rusia e India anuncian un crecimiento moderado. De Brasil se dice que ha perdido el ímpetu inicial.

En este panorama se dibuja la oportunidad de México: reubicarse competitivamente en una globalización fuertemente enganchada al crecimiento nacional, al mercado interno, la creación de empleos y el aumento de los salarios. Mover al país, de eso se trata, de darle velocidad en todos los frentes, de impulsar, en efecto, una revolución de la creatividad.

Aparecen, entonces, dos tipos de reformas.

Las que darían consistencia al crecimiento, como la fiscal y la energética, y las que flexibilizan las rigideces que detienen los flujos de inversión, como la reforma laboral. Porque de eso se trata, de lograr -del 2012 al 2015- que grandes flujos de inversiones productivas se viertan sobre el país. Será la primera reforma. De lo contrario, sociedad, partidos y gobierno tendrían que volver a empezar casi de cero. Se está ante la oportunidad única de ganar, ganar. Bien vistas las cosas, algo así no se volverá a dar.