Gradual y casi sigilosamente en los últimos años, México ha venido fortaleciendo su regulación en materia sanitaria, lo cual es favorable no sólo para la salud de la población mexicana, sino que esa nueva arquitectura jurídica construida seguramente será imán de nuevas inversiones dentro del sector de medicamentos. El entorno mexicano es hoy radicalmente más atractivo que hace tres años para la producción farmacéutica, y el modelo está encauzado hacia la exportación.

Primero, con una más ágil autorización de protocolos de investigación clínica, es de esperarse que vengan nuevas inversiones para probar y desarrollar medicamentos en las instituciones de salud mexicanas. Y el regulador sanitario Mikel Arriola prevé que los estudios que están por venir no sólo sean de moléculas sencillas como genéricos, sino de moléculas complejas como las de biotecnológicos.

Para ello, tanto el IMSS, que lleva José Antonio González Anaya, como la red de institutos de salud pública están en proceso de conformarse como terceros autorizados para predictaminar dichos protocolos en tiempos mucho más cortos.

Gracias a ello son varias las farmacéuticas internacionales que ya han hecho ver su interés de elevar sus inversiones hacia México para probar medicamentos en su última fase previa a la salida al mercado. De hecho, algunas de las llamadas big pharma ya han manifestado su intención de traer estudios clínicos para biocomparables.

En segundo lugar, en materia de vacunas, con la certificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) al convertir a la Cofepris en una de las 28 agencias certificadas, se espera que aquí se produzca la vacuna de influenza para exportar a toda América Latina. Aparte, si todo va bien, México emitiría el primer registro en el mundo de la próxima vacuna para el dengue. Simultáneamente, la Cofepris trabaja con la OMS a fin de estar en la lista de proveedores de vacunas adquiridas para África y también en la de Fundación Gates, otro gran comprador de vacunas.

En tercer lugar, ya suman siete los países que están aceptando el registro de la Cofepris como válido para permitir la venta en su territorio de fármacos aprobados en México. Hablamos de Chile, Colombia, Panamá, Costa Rica, Perú, El Salvador y Ecuador. Con Brasil se prevé que al menos haya intercambio para que acepte los certificados de buenas prácticas de manufactura mexicana y así no sea tan difícil introducir allá un fármaco producido en México.

Todo lo anterior es resultado de una serie de acciones empujadas por la Cofepris en los últimos tres años. Es evidente que el comisionado Mikel Arriola lo tenía muy claro desde que arribó como titular a dicha comisión: hacer que el país se vuelva atractivo y competitivo para las inversiones de una industria estratégica como lo es la productora de medicamentos.

Quién iba a decirlo, que como regulador sanitario, Mikel Arriola iba a terminar como un muy buen promotor de política industrial en un sector vital como es el de medicinas. Ha ido sumando punto por punto los factores para generar el ambiente propicio y mandar los mensajes correctos para que la inversión aterrice; que el entorno de negocio sea favorable, a fin de que las empresas se animen a traer su capital.

Y con este ritmo en que vamos, podríamos aspirar, por qué no, a que la balanza comercial farmacéutica que ha sido totalmente deficitaria desde hace décadas tienda al equilibrio. Ahí vamos. En el 2012, de cada dólar que exportábamos, importábamos siete; ahora la relación es uno a cinco. Al menos ya se movió la tendencia, y no es de dudar que han ayudado los reconocimientos internacionales que ha obtenido la Cofepris.

@maribelrcoronel