Cada día olvidar la pesadilla del sueño de ayer

Libro de los muertos

La petite politique, la grand politique, acostumbraba distinguir Francois Mitterrand, el último gran Presidente de Francia. Esto, de acuerdo con su biografía escrita por Franz-Olivier Giesbert: Mitterrand el Presidente. La pequeña política era la política mafiosa para conservar el poder; la gran política, dar pasos grandes hacia la Unión Europea.

Respecto de la gran política, ni Chirac pudo ni Sarkozy ha podido conservar siquiera lo que construyó el socialista Mitterrand. En cuanto a la política pequeña, su instinto despertaba en ese lector infatigable de tantas obras, pero, diariamente, de el Príncipe de Maquiavelo, la astucia del zorro. Con sus enemigos de dentro y de fuera era implacable, sobre todo, con los enemigos embozados. Lo supo en carne propia su compañero de partido, Michel Rocard, quien cometió el error de aspirar a la Presidencia, justo cuando Mitterrand estaba pensando en su relección para gobernar a Francia otros siete años, como al final sucedió. La astucia del zorro, en torno a un proyecto, ilumina ligeramente aun la política pequeña.

Aquí, en estas tierras de violencia, desde hace tiempo un enorme dique impide el curso posible de la gran política. El no-paso impide mirar a lo lejos.

Ni la catástrofe hace girar esta situación. Al contrario, la política pequeña dominante, la política mafiosa, de grupos y clanes, de distribución de cargos entre los mismos y de exclusiones abiertas o simuladas, se vuelve catastrófica por su alcance, ya no pequeño, sino minúsculo.

El único efecto positivo de dicho empequeñecimiento es su generalización.

Ningún partido se salva de este encogimiento. Los de izquierda excluyen a los de extrema izquierda, a los centristas y no se diga a los clasificados como de derecha. Los de centro actúan a partir de lealtades estrechas de grupo, lealtades estériles, sin objetivos ni fines. Los que vendían su presunta democracia interna, ahora no sólo cuidan los intereses familiares y de grupo, sino que, como lo dijo una de las excluidas, han dejado su partido en manos de una banda de cuatreros .

Nada que ocultar, entonces, así es en general la política, pequeña. Pero, se debe entender que los políticos no pueden quejarse ni ha lugar su indignación moral. Los ciudadanos ven todo ese teatro de lejos, no les incumbe. Por eso, muchos no votarán. Los que lo hagan no siendo clientelas, dan sentido a la democracia.