En menos de cuatro meses, los precios del crudo ?han caído casi 30%, desde 118 hasta 85 dólares.

Esta baja, realmente, no es un foco rojo -quizá, ?amarillo pálido- para la economía mexicana.

Históricamente, la combinación entre gobiernos irresponsables y la dependencia petrolera ha resultado explosiva, dañina, para las finanzas del país.

Desde que nos propusieron administrar la abundancia hasta la fecha, México ha quemado los recursos que obtiene de este producto no renovable en el gasto de operación del gobierno.

En los tiempos del peor populismo del PRI de los 70 y 80, los ingresos que obtenía Petróleos Mexicanos sirvieron para pagar una nómina de irresponsabilidad política que incluyó exenciones fiscales, subsidios indiscriminados, prebendas a sindicatos, organización de elecciones..., en fin.

La opulencia aparente de un país petrolero, con recursos que parecían interminables y con precios que tendían a subir en aquellos tiempos, llevó al gobierno federal a endeudarse al estilo griego o al estilo Moreira en Coahuila.

Cuando los precios del petróleo se derrumbaron, también se vino abajo la economía mexicana.

Hacia 1998, los precios del crudo se habían ido a los suelos, hasta niveles inferiores a los 10 dólares por barril. Y, desde entonces, se insistía en la necesidad de no tener una dependencia fiscal de los ingresos petroleros.

Desafortunadamente para la causa de las reformas estructurales, el precio del hidrocarburo se recuperó de forma rápida y desde inicios de este siglo y hasta la fecha la tendencia de los precios de los energéticos ha sido a la alza.

Vale la pena comentar que en ese momento de la crisis de los precios del petróleo, el Secretario de Hacienda de México que no pudo impulsar una reforma fiscal era José Ángel Gurría, el mismo que ahora desde la OCDE implora y presiona por este cambio. Pero bueno.

Vicente Fox logró gobernar en el pasmo y la inmovilidad que le caracterizó, en buena medida, gracias a los altos precios del petróleo. Su incapacidad política de hacer algún cambio hacendario importante fue paliada por el crudo, que le dejó incluso excedentes importantes para seguir gastándolos de manera irresponsable.

Tampoco existió un solo partido político opositor que luchara por defender la renta petrolera y su uso apropiado.

Y así estamos, hasta la fecha, extrayendo cada vez con más dificultad el petróleo que nos quede para seguir alimentando 40% del gasto público.

Lo mismo el pago de celulares, que la construcción de una escuela o las transferencias a los sindicatos.

Incluso la dependencia exportadora del petróleo y sus derivados se había logrado revertir. Y, si bien México es un exportador de manufacturas, ha crecido otra vez en la balanza comercial la venta de hidrocarburos.

Sólo que, desde que los precios del petróleo experimentaron niveles superiores a los 150 dólares por barril, la preocupación era la inflación, no los ingresos fiscales del gobierno mexicano. Los excedentes eran tan altos que todos lo gastaban, nadie lo cuestionaba.

Ahora, en estos momentos de incertidumbre económica y financiera en el mundo, los precios del petróleo han bajado de forma notable.

En menos de cuatro meses, los precios del crudo han caído casi 30%, desde los 118 dólares de inicios de abril hasta los 85 dólares de esta semana.

Y el precio del petróleo es así, porque además de la oferta y la demanda que, lógicamente, mueven el precio, hay detrás de la cotización de este precio un mercado financiero que es altamente especulativo y se encarga de mover tan drásticamente los precios en tan poco tiempo.

Esta baja realmente no es un foco rojo -quizá, amarillo pálido- para la economía mexicana. El promedio de los precios en lo que va del año supera los 107 dólares por barril, contra un presupuesto de 85 años estimado para todo el año.

Y si llegara a bajar de esos niveles, hay coberturas que cubrirían una parte del ingreso no obtenido. Además de que no hay pronóstico serio de largo plazo que justifique una baja prolongada de los precios de un producto altamente escaso.

Y como remate, para no entrar en pánico, está la ventaja cambiaria de vender los barriles con dólares de a 14 y no a 12.80 como se estimó originalmente.

El verdadero tema es la vulnerabilidad comprobada de las finanzas mexicanas, la dependencia del exterior ante un precio tan volátil y la advertencia de firmas como Standard & Poor’s en el sentido de que México tiene un riesgo financiero serio por su escasa recaudación tributaria.

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