Han pasado seis meses desde que inició la pandemia del coronavirus y, a tan sólo unos días de que el paisano presidente López Obrador presente su segundo informe, México vive la peor crisis sanitaria y económica de la historia.

Hoy,  con más de medio millón de casos confirmados y 65,000 muertes registradas, México ha superado hasta el más catastrófico de los escenarios proyectados. La irresponsabilidad y la falta de capacidad del Gobierno Federal ha puesto a nuestro país en una delicada posición, donde la experiencia y las decisiones prudentes e inteligentes desafortunadamente brillan por su ausencia.

En verdad no podemos menospreciar la gravedad de esta situación. Según la Organización Mundial de la Salud, a nivel internacional, México ocupa el séptimo lugar con el mayor número de contagios y el tercer lugar con el mayor número de muertes, solo siendo superado por Estados Unidos y Brasil. Y esto no es casualidad, somos el país de la OCDE que menos recursos ha destinado para el combate de esta enfermedad (solo 0.4% del PIB nacional), nunca se estableció el uso obligatorio del cubrebocas, ni se implementó una estrategia efectiva de rastreo y contención de contagios, y, por si esto fuera poco, también somos el país que menos pruebas ha realizado (0.4 pruebas por cada mil habitantes en comparación con las 10.4 de Corea del Sur).

Mientras no podamos domar la contingencia sanitaria, la crisis económica continúa recrudeciéndose. Las estadísticas del Inegi nos lo demuestran, no sólo con la peor caída del PIB de todos los tiempos (más del 18%), sino con la pérdida de ingresos de más de 12 millones de mexicanos.

Hay que aprender de la experiencia internacional. Enseguida de proteger la salud, todos los gobiernos en el mundo han implementado medidas para contener las repercusiones económicas, sin embargo, México ha sobresalido por ser de los pocos países que no ha impulsado ninguna medida concreta relacionada con la actividad económica; más bien insisten en poner obstáculos a la lenta reactivación, como por ejemplo, la Ley Chatarra impulsada en varios estados que limita el libre comercio y afecta gravemente a pequeñas empresas, tienditas, abarroterías, así como productores artesanales.

Como economista, y a unos días de iniciar mi último año como legisladora federal, he decidido construir una agenda que retome la importancia de 1) proteger la salud y asegurar el acceso a medicamentos y tratamientos asequibles para toda la población; 2) impulsar diversas medidas para la reactivación económica, especialmente para las mipymes, de las cuales depende el 90% de los empleos del país, así como la implementación de un ingreso mínimo para las familias más vulnerables; y 3) fomentar acciones rigurosas que aseguren la plena incorporación de las mujeres en las oportunidades públicas y privadas, libres de violencia de género.

A dos años en esta responsabilidad legislativa, después de logros alcanzados y obstáculos superados, si de algo estoy convencida es que aún queda mucho por hacer. Es tiempo de dejar a un lado los intereses personales, las aspiraciones particulares y solo responder al interés superior de velar por los más necesitados y de construir un mejor país para nuestras generaciones presentes y futuras.

No solo soy parte de la tercera fuerza política que hoy disputa presidir la Mesa Directiva que legalmente nos corresponde, sino que, hoy más que nunca, me siento parte de los muchos mexicanos que estamos del lado correcto de la historia, la nueva mayoría que queremos devolverle a nuestro país el rumbo, orden y prosperidad que se merece.

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.