Durante los últimos meses y particularmente después de las elecciones del 8 de noviembre en Estados Unidos, hemos sido testigos de un ajuste muy importante en el mercado de renta fija estadounidense. Después de alcanzar una tasa mínima de 1.4% en julio del año pasado, el rendimiento del bono del tesoro de 10 años llegó a 2.4%, su nivel máximo desde septiembre del 2014.

Es importante recordar que la tasa que pagan los bonos es inversamente proporcional a su precio, por lo que un aumento observado en la tasa implica una caída en el valor de mercado del bono de casi 7 por ciento. Contrario a otros episodios similares, la caída en el valor de los bonos del Tesoro de largo plazo no se debe primordialmente a una disminución en los niveles de aversión al riesgo a nivel global.

Esta vez, el ajuste en el mercado de bonos del Tesoro está principalmente ligado a dos factores: I) la percepción de que el ciclo de liquidez abundante y tasas de interés extraordinariamente bajas ha llegado a su fin; y II) la percepción de que la política económica del nuevo gobierno contribuirá a elevar la inflación.

El principio del fin del periodo extraordinario de tasas cercanas a cero que hemos vivido desde el 2008 se dio a finales del 2015 con el primer incremento de tasas por parte de la Fed desde el 2007; sin embargo, diferentes circunstancias la obligaron a posponer su segundo incremento hasta diciembre del 2016. Sin embargo, el triunfo de Donald Trump en las elecciones y su promesa de aplicar una política fiscal expansiva incluyendo una mayor inversión en infraestructura y una reforma fiscal para bajar la carga impositiva al sector privado aunada a la amenaza de nuevos impuestos a las importaciones, han generado un cambio fundamental.

Dicho cambio consiste en el fin de la era de gran liquidez, tasas bajas e inflación ausente y el posible comienzo de una nueva etapa con mayor inflación y tasa más altas. Esta situación ha provocado una rotación importante de recursos que estaban en el mercado de renta fija al mercado accionario.

Tan es así, que el Standard & Poor’s 500 ha tenido un incremento de 5.3% desde julio del año pasado y de casi 9% desde la elección de Donald Trump. Este repunte en los mercados accionarios es prácticamente un espejo de la caída en los mercados de renta fija en EU.

Aunque el repunte en los mercados accionarios podría estar entrando a una fase de agotamiento, sobretodo si las decisiones de política económica de la nueva administración toman un tono proteccionista y disruptivo, la salida de recursos de los mercados de renta fija podría continuar. A pesar del alza en el rendimiento en los bonos del tesoro a 10 años, el nivel de tasa es aún inferior a 3.9% observado en abril del 2010.

En la opinión de este columnista, hay tres escenarios base para el mercado de renta fija. El primero es que la administración Trump implementa un plan de estímulos fiscales pero sin aplicar medidas proteccionistas. El segundo escenario es que la administración lleva a cabo un plan de estímulos fiscales y lo acompaña de medidas proteccionistas moderadas. El tercer escenario es similar al segundo pero las medidas proteccionistas son más agresivas y desatan una guerra comercial.

En los primeros dos escenarios tendríamos la percepción de mayor inflación y mayores tasas de interés por lo que la caída en el mercado de bonos muy probablemente se extendería. En el tercer escenario, la guerra comercial podría provocar una recesión global que probablemente generaría un incremento en la aversión al riesgo y una rotación de flujos de inversión hacia instrumentos refugio de bajo riesgo como los bonos del tesoro de largo plazo emitidos por Estados Unidos.

Al día de hoy el mercado parece estar descontando un escenario más parecido al primero y al segundo pero conforme pasan los días, el riesgo de implementación de medidas más radicales va en aumento.