Acaba de salir la evaluación de competitividad del IMD sobre México, donde no nos fue tan mal: México bajó dos peldaños del sitio 53 al 55. La respuesta al analizar los rubros nos lleva a pensar en un fuerte deterioro institucional, especialmente en la forma de hacer negocios, competitividad del gobierno y la regulación energética. 

Si procuramos una evaluación, además del estancamiento secular, sí me hace pensar que esta bajada que será mayor cuando transcurran los seis años del sexenio: México se acercará a los niveles de competitividad de Centroamérica. 

Creo que no vamos para una Venezuela: AMLO no tiene fines totalitarios; se obsesiona por el sector energético y es -según el libro del Maestro Zárate- el país de un solo hombre. Pero esta concentración de poder, unidos a su pasión por el pasado, llevan a que su meta sea regresarnos a los 70, no a otra Cuba o a una Venezuela, Bolivia o Ecuador, quizá al menos porque no los conoce. 

Pero el retroceso es indudable: pérdidas de inversión en el sector energético, disminución de la inversión del 22 al 18% del PIB; retroceso de la inversión extranjera; demérito de las instituciones; retroceso de la educación otros dos sexenios; pérdida del Estado de Derecho y sin avances en materia de persecución de la corrupción. 

Por eso, si antes, y sobre todo con el TLCAN, México tenía estados y sectores de clase mundial, poco falta para que nos deban incluir en los mismos parámetros que Centroamérica, lo que sucederá en los próximos años. 

Y para darse cuenta de ello basta escuchar el retrógrado discurso de las mañaneras contra las clases medias: a AMLO no le interesan -como al antiguo PRI- lograr que la clase pobre entre a formar parte de las clases medias. Estas son más difíciles de manipular, y la 4T no ha dado señales de convencimiento a cualquier persona que tenga dos dedos de frente. Su visión de un estado desarrollista se limita a repartir unos cuantos cheques a unos cuantos empobrecidos, cuando el desarrollo es mucho más que eso; si así fuera ya muchos países habrían logrado subirse al tren del desarrollo. Lo único que se asegura repartiendo dádivas es manteniendo a la gente en un nivel de inferioridad y minoría de edad, entorno adecuado para perpetuarse en el poder y ganando elecciones. 

¿Le interesan los pobres realmente a AMLO? Su lema de Por el bien de México, primero los pobres, más que eliminando la pobreza está logrando que las clases medias pasen a formar las levas de la pobreza. Los ricos, más ricos, los pobres, con menos servicios -medicinas, Seguro Popular, estancias infantiles, refugios para mujeres- y las clases medias sin empleo y sin un Estado del bienestar para cuando pasen por etapas de golpes económicos que los hagan caer en el círculo vicioso y tramposo de la pobreza. 

¿Está interesado México como Salinas en convertirnos en un país del siglo XXI? Como es enemigo del progreso, le interesa que las clases depauperadas sigan en su infantilismo vital: parece que éstos con medio millón de muertos en la pandemia y una caída de 8.5% del PIB son capaces de perdonarle a AMLO cualquier dislate de corrupción, palabrería, leyes inconstitucionales y reproche a las clases pobres comparándolas con animalitos. Se sentiría más cómodo gobernando un ejército de 120 millones de hámsters que de personas: de lo único de lo que se trata es de proporcionarles alimento, no propio, sino a cargo del Estado. 

La evaluación del IMD a México se irá empeorando paulatinamente más. No importa -dirá López- son los conservadores que quieren mantener el retraso del país.