Los bancos centrales deben, al menos, incorporar en sus políticas acciones que estén directamente vinculadas al empleo, la demanda de largo plazo y la inversión privada.

La reducción de tasas de interés de referencia, sin el acompañamiento de otras acciones específicas, fomentan la acumulación de capital, el encarecimiento de activos financieros y su desvinculación con la economía real

Es cada vez más generalizada la idea de que los bancos centrales se están quedando sin herramientas para enfrentar crisis económicas severas, incluyendo la detonada por el Covid-19.  Parecería que dichos bancos están resolviendo un problema que no existe o que su solución no es relevante para la economía real.

Tras el monetarismo de la década de los ochenta surgió la idea de que, si se garantiza la estabilidad de precios a través de los bancos centrales, los mercados pueden encontrar la “tasa natural de empleo” y asegurar un crecimiento económico saludable.

De ahí nace la política monetaria, que siguen los principales bancos centrales, de procurar mantener la inflación baja y estable, a través de una tasa de inflación objetivo y la noción de independencia del banco central.

La ferviente defensa de la política centrada en la inflación continúa a pesar de que, desde la Gran Recesión, los bancos centrales de las economías avanzadas han inyectado enormes montos de liquidez con el objetivo de estimular demanda, crear inflación e incentivar la inversión en actividades productivas, esto sin mucho éxito.

La política monetaria como la conocíamos antes de la crisis financiera del periodo 2007-2008 no sólo ha quedado rebasada, sino que también ha desatado un incremento en la desigualdad económica. La crisis del Covid-19 ha profundizado las grietas en la prevaleciente política monetaria y la teoría económica que la sustenta.

Es tiempo de una revisión de la política monetaria. Los bancos centrales deben, al menos, incorporar en sus políticas acciones que estén directamente vinculadas al empleo, la demanda de largo plazo y la inversión privada.

La reducción de tasas de interés de referencia, sin el acompañamiento de otras acciones específicas, fomentan la acumulación de capital, el encarecimiento de activos financieros y su desvinculación con la economía real así como la proliferación de las denominadas empresas zombis.

La Reserva Federal ya tiene en su mandato, además de procurar precios estables, fomentar las condiciones económicas para alcanzar “máximo empleo” y tasas de interés de largo plazo moderadas. Hace unas semanas, el ex-primer ministro de Reino Unido Gordon Brown, hizo un llamado a que el banco central pusiera suficiente énfasis en el empleo. Y, ante la crisis del Covid-19, el Banco de Inglaterra se coordinó con el Tesoro para financiar el gasto fiscal extraordinario para enfrentar la crisis.

En México, el objetivo principal del Banco de México también es procurar mantener la inflación baja y estable a través de movimientos en las tasas de interés de referencia. Sin embargo, para gran parte de la población es incongruente la tasa de interés que fija el banco central, ahora del 4.25%, con las tasas de interés que pagan, por encima del 40%, en promedio, para créditos personales y microcréditos otorgados por el sector regulado. Además, es incomprensible, e injusto, que mientras muchos han perdido el empleo a raíz de la actual crisis económica, intermediarios financieros, que pueden financiarse a tasas de interés cercanas al 4.25% no derramen este beneficio a los acreditados finales para reducir el riesgo a un sobreendeudamiento y al mismo tiempo impulsar la demanda e inversión.

Este es un ambiente económico en el cual los bancos centrales, y los reguladores financieros, tienen que usar todas las herramientas y estrategias que estén a su alcance para que, junto con el gobierno, se garanticen las formas de subsistencia y evitar una afectación prolongada en la economía.

En México, donde el 56% de la población ocupada se encuentra en condiciones de vulnerabilidad laboral y 27% se ocupa en el sector informal, promover tasas de interés éticas a las personas que se ganan la vida como pueden sería un punto de partida.

Lucía Buenrostro

Actuaria por la UNAM

Columna invitada

Lucía Buenrostro es Maestra en Economía por El Colegio de México y Maestra en Matemáticas y Finanzas por el Imperial College (Reino Unido). Es Doctora en Economía por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Ha desempeñado labores de docencia e investigación en la UNAM, en la Universidad de Warwick y en la Universidad de Oxford.

Cuenta con una amplia y sólida trayectoria en el sistema financiero internacional donde laboró por casi 15 años en Londres como responsable de áreas de administración de riesgos en la banca de inversión.