Hace unos días, en Paraíso, Tabasco —uno de los lugares más bellos de este país y también casa del puerto Dos Bocas, el más importante de Latinoamérica—, tuve el honor de moderar un foro que trataba, entre otros temas, el energético y llegué a la conclusión de que una propuesta que no ha figurado suficiente en las campañas políticas, y que es fundamental, es cómo hacer de México un ejemplo de desarrollo sostenible en el mundo.

Es bien sabido que el crecimiento de la población trae consigo un aumento en la demanda de todos los productos y que la energía es el pilar del desarrollo de los procesos productivos, por lo tanto, ésta es cada vez más requerida y necesaria. La problemática radica en las fuentes para obtener dicha energía y se agudiza aún más si el mundo entero enfrenta una compleja situación como lo es el cambio climático.

A nivel mundial, las fuentes primarias de energía están encabezadas por los hidrocarburos, en 80 por ciento. En México, de acuerdo con la Secretaría de Energía, ésta proporción es de 87% y sólo 8% es de producción renovable; recordemos que la meta de la Estrategia de Transición para Promover el Uso de Tecnologías y Combustibles más Limpios en la generación de energías de este tipo es de 35% para el 2024.

Aunque en nuestro país el compromiso por la generación de fuentes de energía alternas ha avanzado, la velocidad de este proceso sigue sin ser suficiente y es importante señalar que no se han alcanzado los objetivos marcados en el Acuerdo de París, para reducir los efectos catastróficos para los países más vulnerables por el cambio climático. México tiene el deber de alcanzar una diversificación de la matriz energética, con acciones de corto, mediano y largo plazos que sean económicamente eficientes, dejando de lado los combustibles fósiles y reduciendo así el impacto ambiental.

Nuestro país requiere seguir transformando el marco legal para transitar a este nuevo modelo, acompañado de incentivos económicos, así como fondos de financiamiento destinados a investigación y desarrollo de energías renovables, pero, aún más importante, detonar los mecanismos para contar con el capital humano necesario para un inevitable progreso.

Respecto a este tema, es que debemos señalar y cuestionar severamente la propuesta que hace Andrés Manuel en su plan energético, en el que tiene cabida la construcción de dos refinerías. En el muy hipotético caso de que pueda llevarlas a cabo, estas construcciones estarían listas para usarse en los tiempos en que el mundo avanza con rapidez a la sustitución del petróleo por energías amigables con el medio ambiente.

Es por ello que insisto en hacer un diagnóstico real y aterrizado a las exigencias actuales y una vez más digo: en tiempos electorales, no se deben prometer proyectos anticuados e inviables. Requerimos de una visión seria y a futuro que apueste por la potencialización de biocombustibles, como biodiesel o bioetanol, así como energía solar, eólica e hidráulica.

Sin duda, hablar de desarrollo sostenible es tener puesta la mirada en el país que le heredaremos a las nuevas generaciones y, de esa manera, debemos afrontar la decisión que tomaremos en las próximas elecciones. Pongamos un alto a posturas retrogradas y encaremos los retos ambientales con seriedad, para de esa manera seguir consolidando el México moderno e incluyente que tanto anhelamos.

¡Hasta nuestro próximo encuentro!

* Candidata a diputada federal plurinominal en la Tercera Circunscripción Electoral por el estado de Tabasco y expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana AC.

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.