Obama y la canciller alemana supieron que, con Trump, el multilateralismo estaba en riesgo

Escribe Ben Rhodes que el presidente Barack Obama se despidió de la canciller alemana en Berlín. Al hacerlo, ella derramó una lágrima.

Trump ya había ganado las elecciones y el presidente Obama realizaba su última gira internacional a través de varios países.

“Angela está completamente sola” le comentó Obama a Rhodes, y éste reprodujo la anécdota en su libro The world as it is.

Cenando a pocos metros de la Puerta de Brandemburgo y el edificio del Reichstag, que sustituyó al que había sido incendiado cuando Hitler tomó el poder, el ambiente, por lo que narra Rhodes, era el de un funeral. Obama y Merkel sabían que el mundo estaba a punto de dar un giro radical.

Rhodes se asombra frente al reloj. Han pasado tres horas y ambos líderes no terminan de cenar. El que fuera redactor de discursos de política exterior del presidente Obama, junto a varios asesores de Merkel, se encontraba en un cuarto adjunto brindando: “Por la líder del mundo libre”.

Han pasado casi tres años del encuentro en el que Merkel lloró, y Donald Trump ha devaluado la joya de la corona estadounidense, el Departamento de Estado, como pocos presidentes lo han hecho a lo largo de la historia.

Uno de los asesores de Merkel le advirtió a Rhodes que Steve Bannon se convertiría en el ideólogo de cabecera de Trump. Ellos lo conocían. Sabían que su nacionalismo comercial sería el vector transversal del gobierno de Trump. No se equivocaron. Hacer la guerra, no con armas, sino con aranceles, sería la forma más rápida de incendiar al multilateralismo y sus derivados; la manera más rápida de asustar al mundo interconectado; el acto demencial con el que intentaría destruir a la diplomacia moderna creada por Henry Kissinger.

Ahora, cuando México necesita defender los modelos multilaterales, se repliega.

México se ha convertido en una isla frente a la trágica situación que vive Venezuela en materia de derechos humanos. El lunes, el Grupo de Lima y la Unión Europea, a través del Grupo de Contacto Internacional, firmaron de manera conjunta, por primera ocasión, una lista de actividades a seguir frente a la dictadura de Maduro.

La política exterior del nuevo gobierno mexicano se ha convertido en una diplomacia de memes.

El presidente de México no viajará a Japón a la cumbre del G20, pero avisa que enviará una carta para introducir en el foro el tema de la desigualdad. La misma estrategia que usó con el presidente Trump hace algunos días. Enviar una carta como si viviéramos en el medioevo. Utilizar palomas mensajeras para fijar posturas.

Sortear un cara a cara con Trump representa seguir con el “modelo Kushner” que consiste en nombrar a un intermediario evitando los encuentros.

Hizo bien el presidente mexicano en criticar la máxima de Trump: “America first”, sin embargo, decir que la mejor política exterior es la doméstica es un sinónimo.

La lágrima de Merkel representa el máximo rasgo de empatía que existía entre ella y el presidente Obama; símbolo catártico con el que se avizora un desastre.

Al presidente mexicano no le gusta el mundo.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.