En la película de John Huston La vida y tiempos del juez Roy Bean, éste es un personaje en un pueblo del medio oeste norteamericano, un cacique que dice: De ahora en adelante, yo seré el rey. ¡Conozco bien las leyes, porque las he violado todas! . Eso ocurría con la unilateralidad del poder político mundial ejercido por Estados Unidos en casi todo el siglo XX. Era la ley del más fuerte, lo que explica éxitos y grandes aberraciones.

Ahora vivimos una transición y, como en todas, hay una mezcla de lo viejo, que no muere, y de lo nuevo, que no emerge totalmente. Estados Unidos sigue siendo el país más importante del mundo, por su liderazgo en la política y en la economía, por su fuerza militar y extraordinario avance tecnológico. Pero en los grandes problemas globales, está junto a otras potencias mundiales compartiendo soluciones, principalmente con China, la Unión Europea, Japón y Rusia, cuyos líderes tienen un protagonismo decisivo. Obama, Merkel y Putin son personajes notables por sus definiciones estratégicas y pragmatismo.

El orden mundial sigue siendo el mismo después de la caída del muro de Berlín y el desmontaje de la Unión Soviética. Y ante la ausencia de un solo líder, las instituciones internacionales de gobierno (ONU, OTAN, Comisión Europea, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Central Europeo, OCDE y otras) son las que realizan las iniciativas globales. Obvio es que ellas se ven influidas por los países más importantes y su posicionamiento en la economía mundial.

También, el exceso regulatorio de estas instituciones ha creado en los países un movimiento nacional populista que se opone a la tendencia de que estos organismos internacionales marginen a los gobiernos de los países y a sus sociedades. Ello complica las soluciones globales.

Entre tantos problemas, hay tres de importancia mundial que nos involucran a todos y que no tienen todavía solución. Se fortalecen en la medida en que se consolidan las resistencias de los poderes reales.

Uno es el del calentamiento global, cuya iniciativa para resolverlo reunió recientemente a 200 países. Pero en la recta final para definir compromisos, en la declaración oficial, en vez usar las palabras deberán los países... , fueron sustituidas por deberían los países... . Ello relativiza y elimina obligaciones.

Los números que existen sobre la devastación que significa el calentamiento global son alarmantes. Sugieren pensar que no actuar es claramente la opción más cara de todas. Se pregunta Connie Hedegaard, comisaria europea de Acción para el Clima: ¿Por qué pagar por los daños, cuando podemos invertir en reducir los impactos del clima y hacernos competitivos en una economía baja en carbono? .

Otro gran problema es el que representa la perversión conflictiva de los países del Medio Oriente, en donde se observan alianzas locales, regionales y globales. En Siria, eje actual de los conflictos, sin desconocer varios más, el problema empezó con la oposición de un grupo rebelde al gobierno y ahora están más de 30 países involucrados, luchando contra el ISIS y entre sí. También se agudizaron los conflictos entre dos enemigos históricos: Arabia Saudita e Irán.

Otro problema de amplitud global es el bajo crecimiento económico mundial, debido a la ausencia de políticas prudentemente expansivas que pudieran lanzar al mundo a una nueva era de ocupación y estabilidad. Pero ellas son contrarias a los deseos de los políticos y banqueros, que prefieren la línea restrictiva. Christine Lagarde, directora gerente del FMI, ya dijo que el crecimiento en el 2016 será decepcionante. Si las sociedades no se manifiestan, no habrá límites a la especulación, la volatilidad financiera y la desigualdad.